Cuando se habla de fotografía alemana se piensa en Renger-Patzsch. La figura central del movimiento estético de la nueva objetividad, fundacional de la historia de la fotografía como expresión artística autónoma, llega a Madrid en una excelente y muy completa exposición comisariada por Sergio Mah y producida por la Fundación Mapfre. Un conjunto de 185 fotografías y algunas de las publicaciones que Albert Renger-Patzsch escribiría sobre la fotografía, sus características y propiedades definitorias, forman una muestra en la que podemos encontrar todo acerca de la fotografía, porque en estas 185 imágenes de formato pequeño y mediano, en blanco y negro, está todo lo que en fotografía se ha hecho. La influencia de este fotógrafo se cuela hasta la más actual fotografía alemana. Aquí sobrevuela la sombra de las obras de los Becher, y de toda la Escuela de Dusseldorf, las imágenes de reflejos del bosque en las aguas de los ríos de Hütte, la foto de arquitectura, el nacimiento del paisaje… todo, menos el retrato. Son pocas las imágenes con personas, un tema poco tratado por la nueva objetividad alemana. Aunque si bien el paisaje tampoco fue uno de los motivos principales, Renger-Patzsch realiza unas fotografías magistrales, sin duda la base del paisajismo posterior en Alemania y en toda Europa.

La exposición se articula en seis bloques temáticos: El diseño de la naturaleza; Del paisaje vernáculo a la ciudad moderna; La visión de las cosas; Paisajes del Ruhr: topografía de una transformación; Arquitectura y objetos industriales. Geometría y seriealidad; El acontecer de la naturaleza. El conjunto de imágenes nos ilustra de la experiencia visual de uno de los artistas esenciales en la historia de la fotografía, de cómo su vida y su mirada superan las bases de la nueva objetividad para cargar sus imágenes de una belleza que tiene su origen por una parte en la esencia de cada objeto, de cada fragmento de ciudad, de cada edificio, de cada árbol, y por otra en la propia e insustituible subjetividad del individuo que maneja la cámara fotográfica.

La nueva objetividad (Die Neue Sachlichkeit) surge en Alemania a comienzos de los años 20 y, rechaza el expresionismo del momento, finaliza con la caída de la República. El movimiento acabó, esencialmente, en 1933 con la caída de la República de Weimar y la llegada al poder de los nazis. La fotografía fue una de las materias esenciales de este movimiento basado en la representación del mundo de forma realista, con una fría y distante objetividad. SI bien esa objetividad no tiene que ser necesariamente tautológica, repetitiva y vacía de contenido. La fotografía se distancia de los movimientos pictorialistas y expresionistas que la vinculan a otros lenguajes plásticos, especialmente la pintura, lleno de subjetividad plástica, para convertirse en una herramienta autónoma, carente de vínculos con formas de ver el mundo anteriores, la fotografía es la forma más adecuada de mirar y de representar las nuevas tecnologías, la nueva era.

El principal representante de la nueva objetividad es Albert Renger-Patzsch (1897 1966) entre sus propuestas se encuentra hacer un empleo funcional de la luz, utilizar encuadres diferentes y usar objetivos de diferentes longitudes focales. Se le considerá inmediatamente como “el nuevo fotógrafo”, que realizaría fotografías con un enfoque nítido, y de carácter documental frente al arte fotográfico anterior basado en la poética autoconsciente. Renger-Patzsch comienza a hacer fotos con 12 años, estudia farmacia después de servir en la Primera Guerra mundial, y muy pronto se convierte en fotógrafo comercial. Publica su primer libro de fotografía en 1925 y expone por primera vez sus fotografías en 1927. En 1928 publica Die Welt ist Schön (El mundo es bello), en el que presenta una colección de 100 imágenes de objetos industriales, formas de la naturales y piezas producidas en serie con la nitidez de ilustraciones científicas. Este libro es una de las bases de la Nueva Objetividad en lo que se refiere a fotografía. Para Renger-Patzsch el valor de la fotografía radicaba en su capacidad de reproducir la textura de la realidad y representar la esencia del objeto fotografiado. “El secreto de una buena fotografía – la cual, como cualquier obra de arte, puede tener cualidades estéticas- es su realismo”. “dejemos el arte para los artistas, y dediquémonos a crear, con los medios peculiares de la fotografía y sin ningún tipo de préstamos del arte”. Renger-Patzsch siempre alternaría la foto comercial e industrial con su propia creación, generando un inmenso archivo que fue destruido durante la II Guerra Mundial, al finalizar la contienda se trasladaría al campo donde pasaría el resto de su vida. 

En Alemania los principales representantes son John Heartfield, Karl Blossfeldt, Walter Peterhans, Helmar Lerski y August Sander. En la República Checa se encuentra Josef Sudek. En Rusia con presupuestos ligados al constructivismo se encuentra Aleksandr Ródchenko. En Estados Unidos, se encuentran próximos a esta corriente, fotógrafos como Paul Strand, Edward Weston, Imogen Cunningham, Ansel Adams y Walker Evans. Este grupo representa una nueva dirección que defiende a la fotografía no manipulada.

(Albert Renger-Patzsch. La perspectiuva de las cosas, Fundacion Mapfre, Madrid. Desde el 20 de junio hasta al 10 de septiembre de 2017)