OPINIÓN

Hay una canción que se pregunta dónde habrán ido todos los besos que nunca dimos. Yo me pregunto dónde se habrá metido el texto que había escrito ayer y que hoy ha desaparecido de mi ordenador, del disco duro, del automensaje que por seguridad me había enviado… ¿Dónde habrán ido todos nuestros sueños rotos, nuestras esperanzas perdidas? Uno de los relatos de Borges que más me han gustado siempre es en el que habla de un lugar, un valle, por supuesto perdido, en el que se pueden escuchar al mismo tiempo y para siempre todo lo que se ha dicho en la historia del mundo. Todos los susurros y los gritos, las canciones y los lloros, las palabras serias, las frívolas, todo lo que ya hemos olvidado sigue sucediendo, todo sigue diciéndose, todo eso que no olvidaremos nunca pero quisiéramos borrar, es imposible, todo permanece es ese lugar imposible en el que para siempre jamás nuestros aciertos y nuestros errores se repiten incesablemente. El asombro es eterno.

A veces antes de dormirnos tenemos ideas fabulosas, pensamos frases increíbles que nunca recordaremos, pues la pereza de levantarse a buscar dónde escribirlas las hacen imposibles. Sólo tendríamos que musitarlas para que estén vivas en el lugar donde vive, para siempre, todo lo que se fue. Pero no estoy tan segura de que allí pudiera encontrar mi texto de ayer, un texto mucho mejor que este que estoy escribiendo hoy pensando en que Borges podría haber dejado alguna dirección, una coordenada, no sé, un mapa tal vez, para poder encontrar el tesoro de tantas palabras dichas y perdidas, reunidas por un flautista de Hamelín ciego y argentino. Seguramente hay que perderse para encontrar ese lugar. Como hay que olvidarse de lo que nunca hicimos, de los besos que nunca dimos, para volver a besar. Arrepentirse es inútil, eso ni borra ni consuela. Pienso en el pentimento (*), esa corrección, esa intención de cambiar algo, de borrar del lienzo algo que, aunque el artista no lo supiera, nunca desaparecerá realmente. Un arrepentimiento que hace que no digas, no hagas lo que tal vez, sólo tal vez, deberíamos haber hecho. Todos esos besos abortados, todos esos deseos anulados, todas esas esperanzas marchitas… es la historia de nuestras vidas, un permanente pentimento. No es tan fácil borrar un dibujo, cambiar una pintura, reeditar un vídeo… por favor, borren de Google todo lo que haga falta, porque con el valle imposible de Borges ya tenemos suficiente memoria. Porque la memoria conforma otra historia, algo que no se olvida, sólo se transforma; pues es, sobre todo, energía. Por eso, créanme, es mejor equivocarse. Sin miedo ni vergüenza…, bueno, la vergüenza es solamente un miedo pequeñito. Sin miedo a equivocarnos porque, al final, todo da igual. Todo es un aviso para que lo hagamos, desde el just do it de la publicidad, hasta el kiss the girl de Disneyland, sin olvidar el excelente consejo de Ivanna Trump en El Club de las primeras esposas: “no te quedes con las ganas, quédate con todo”. Yo propongo la acción contra la inacción, hacer el ridículo en vez de hacer de estatua de cera. Hablar, besar, andar, equivocarse, pintar y no arrepentirse. Como demostración he vuelto a escribir un texto que ayer perdí, que escribí para ustedes y que ya nunca podremos leer, pero les ofrezco este en sustitución del que desapareció; es peor seguramente porque todo lo que perdimos nos parece mejor, todos los besos que no nos dieron son las arrugas de nuestra vejez… pero por lo menos aquí tienen un texto, son sólo quince minutos de mi tiempo, pero es para todos ustedes. Y ahora voy a ver si recupero besos, palabras, caricias… si no es del gran amor, que sean de pequeños amores, si no es el gran texto que nunca leerán, pues que sea este pequeño intento de cumplir con mi cita semanal.


(*) Un pentimento (el plural sería la también forma italiana pentimenti) es una alteración en un cuadro que manifiesta el cambio de idea del artista sobre aquello que estaba pintando. Se trataría, por tanto, de un término sinónimo de arrepentimiento. Los pentimenti pueden demostrar que una composición determinada tuvo originalmente un elemento, por ejemplo una cabeza o una mano, en un lugar ligeramente diferente, o que un elemento que finalmente no llegó a aparecer sí tuvo en principio un lugar en el cuadro. Los cambios pueden percibirse en las capas subyacentes del cuadro, por el contraste de estas con las capas superficiales o por una perceptible modificación del primer tratamiento pictórico de un determinado elemento sobre el que se ha repintado.


Imagen: Jan Van Eyck. Detalle de El matrimonio Arnolfini, 1434.