OPINIÓN

La elección del representante para la Bienal de Venecia es, cada dos años, una especie de festival de Eurovisión de resultados impredecibles. Este año, con la elección de Lara Almarcegui y de Octavio Zaya como comisario (unos dicen que primero se elige el comisario y otros sostienen que esa elección depende de quién sea el artista…) el sector crítico ha quedado contento: un comisario experimentado y una artista inteligente, con proyectos siempre interesantes, aunque ya un tanto repetitivos, siempre en torno a la regeneración, transformación e intervención del espacio dando visibilidad a lo escondido, pasado y oculto. Bien, hasta aquí todo bien, vamos a olvidar el pasado, vamos a olvidar las formas de selección, los jurados llenos de amigos y conocidos, el ocultismo habitual, lo vamos a olvidar todo menos el presupuesto de 400.000 euros que se va a gastar en deconstruir el Pabellón de España, que se llenará de la misma cantidad de los mismos materiales que se utilizaron en construirlo, pero hechos añicos, cascotes de sí mismo cabría decir. Una instalación para la que ha habido que reforzar la estructura del Pabellón, toda una broma.


Convertir el espacio en su propia ruina. Una idea brillante sin duda, pero, y siempre hay un pero… ¿es ético destinar a una instalación de tres o cuatro meses el presupuesto de un año entero de alguno de los museos españoles que no tienen ni para luz? Ya sabemos que la ética y el arte sólo quedan bien en los textos teóricos y que incluso los artistas más apegados al arte político, al ecologismo, a la crítica institucional, no suelen asociar ética con la forma de llevar a cabo la actividad artística y su formalización, pero, siempre hay un pero, en un momento en que España, el país representado, vive un momento de auténtica ruina, crear una ruina tan cara es por lo menos cuestionable. Seguramente una artista tan inteligente podría haber pensado un proyecto más acorde con la situación, una situación que a ella no parece afectarla.


Otra representación en paralelo es la de Cataluña, con un proyecto que también habla de la crisis del Estado, pero desde su relación con el arte y su percepción por la gente, esa gente también conocida como ciudadanos, público, votantes, números de taquilla, etc. Todos. Un título muy gráfico: 25%, el porcentaje de la población que está en paro en Cataluña, es el escogido por Francesc Torres y Mercedes Álvarez para el proyecto que muestra ocho grandes retratos de las ocho personas que están en el paro y que han sido grabadas durante meses en su día a día, en una situación vital desesperante. Estas ocho personas pasean por el MACBA y eligen su obra preferida, que se exhibirá en Venecia junto a los retratos, las grabaciones en video y los comentarios de los protagonistas sobre estas obras de arte.


Así, ruinas a precio de oro y obreros del metal, investigadores, cajeros de banco o recolectores de basura, todos en paro, representan en Venecia a un país que esta en ruina técnica con un 27% de la población en paro, con más de seis millones de parados, y que a la vez se ha convertido en el paradigma del derroche, de la corrupción y de la riqueza del pelotazo, con los políticos, los futbolistas y los banqueros mejor pagados del mundo, pero dejando a la juventud sin futuro, expulsando a investigadores, artistas, empresarios… Ricos y pobres, Ricchi e poveri, debería ser el título de esta presencia española. Toda una teoría de la ruina, versión española.


Imagen: Paul Graham. Serie Beyond Caring, detalle, 1984-1985. Cortesía del artista.