El verano de la Tate Liverpool se presenta por todo lo alto con tres exposiciones de artistas cuya práctica interroga la relación entre el contexto y la forma, moviéndose entre la abstracción y los signos codificados. Reflejando distintas épocas y lugares, desde perspectivas del Este al Oeste, la temporada expositiva de la Tate Liverpool examina el desarrollo artístico, social y cultural sucedido tras la Segunda Guerra Mundial. La primera de las exposiciones es Jackson Pollock: Blind Spots, y parte de la imagen del artista como máximo representante del movimiento del expresionismo abstracto, del que fue pionero. Se incluyen aquí desde sus primeros drippings de 1940 a sus series más conocidas, donde el color negro es el dominante. Los “puntos ciegos” de Jackson Pollock (1912-1956) son frases ocultas, líneas superpuestas que se insertan en sus piezas a través del dibujo, la impresión y la escultura.

Por otro lado, Glenn Ligon (1960) es el mejor ejemplo del legado de Pollock tras la guerra. En su proyecto Glenn Ligon: Encounters and Collisions muestra cómo le influyó decisivamente la situación política tras la Segunda Guerra Mundial y la historia del arte americano, además de su contexto cultural y social. Sus piezas abstractas dialogan con artistas tan diversos como Willem de Kooning a Beauford Delaunay, así como de otros menos abstractos como Andy Warhol, Joseph Beuys y Adrian Piper.

En su primera exposición individual en Gran Bretaña, la muestra de Geta Bratescu (1926) recoge sus trabajos más significativos desde 1970 hasta la actualidad; collages de gran escala, textiles, impresiones, performances e instalación. La artista pone especial énfasis en trabajar el dibujo desde diferentes medios, estando presente el cuestionamiento constante de la identidad y nuestro lugar en el mundo. (Jackson Pollock: Blind Spots / Glenn Ligon: Encounters and Collisions / Geta Bratescu, Tate Liverpool, Liverpool. Del 30 de junio al 18 de octubre de 2015).


Imagen: Geta Bratescu. The Rule of the Circle, 1985.