MARÍA PEÑA LOMBAO

Tectócnica es más que una retrospectiva sobre la trayectoria del artista gallego Manuel Vilariño (A Coruña, 1952). En ella se reúnen más de cuarenta obras que abarcan no sólo sus trabajos más conocidos como fotógrafo, también sus orígenes creativos e intereses culturales. Premio Nacional de Fotografía y participante en la Bienal de Venecia en 2007, Manuel Vilariño abre al público desde su herbario hasta una jaula enorme a la entrada del museo.

Música, poesía, novela, ciencia y filosofía, la muestra está llena de referencias a su quehacer artístico; se trata de una reflexión estética a través de los motivos que le inspiran, el mundo interior que nos permite acercarnos a su universo exterior. En palabras del comisario Alberto Ruiz de Samaniego: “Esta exposición quiere buscar los lugares donde se cobija el silencio o el asombro original del acto creativo, también el esplendor de las imágenes allí donde estas fulguran quizás por vez primera”. La planta baja del CGAC se encuentra plagada de referencias alquímicas y casi místicas a través de elementos como el cobre o las crines de caballo agrupadas en clavijas de violoncello, apéndices de un diálogo constante entre el fuego, el aire y el mar. Los materiales e imágenes parecen el storyboard de un guión cinematográfico cuyo protagonista hace callar a las golondrinas para cederle la palabra a la tierra. (Tectónica, Manuel Vilariño, CGAC, Santiago de Compostela. Del 19 de marzo al 21 de julio 2015).


Imagen: Manuel Vilariño. Detalle de Naturaleza muerta con azafrán, 2006.