OPINIÓN

Con esa frase digna de un poema de amor es como los servicios secretos ingleses y americanos marcan los papeles y documentos secretos, “Only for your eyes”, sólo para tus ojos, para que solamente lo veas tú, nadie más. Siempre me gustó esa sencilla y emotiva frase que guarda tantos y tan diferentes significados, y creo que merece ser empleada en más sitios. Creo que es perfecta para definir, para marcar cualquier manifestación de arte contemporáneo: sólo para tus ojos, para ti, para nadie más. Es decir para muy pocos, como un secreto de estado. Porque son muy pocos, casi una sociedad secreta, los que se interesan y se preocupan por el arte contemporáneo.

La literatura contemporánea tiene muchos lectores, incluso los lectores buscan escritores que no conocen pero que tienen fama de novedosos, buscan los premios Booker, los Pulitzer, que muchas veces, incluso a veces los propios premios Nobel, son textos exigentes, novedosos, dignos de nuestros complicados días. Son traducidos a todos los idiomas. Escritores como Enrique Vila-Matas, por ejemplo, a pesar de la dificultad de su lectura, de su inaguantable cultismo, agrupan a su alrededor premios y miles de lectores, incluso admiradores entregados (yo misma), mientras que artistas plásticos que ya superan los 70 son hoy, a pesar de reconocimientos de última hora, desconocidos ampliamente y por supuesto ignorados por el mercado y por las galerías y los museos asumen que deben exponerlos como un mal inevitable. En música y por supuesto en cine, lo nuevo, lo experimental, si no se puede decir que sea comida para las masas, si es reconocido y respetado. Pero en artes plásticas lo experimental, lo transgresor, lo nuevo , aunque este casi todo hecho hace más de cuatro décadas, sigue siendo motivo de burla y sobre todo de desprecio e ignorancia. Sigue siendo sólo para los ojos de unos pocos, como un juego de espías que se pasan documentos secretos por debajo de la mesa.

Naturalmente, igual que en literatura o cine existen los blockbuster, es decir esos artistas, exposiciones, espectáculos, que consiguen que el público y los medios se vuelvan hacia el arte, casi nunca contemporáneo. Y si en literatura son mediocres escritores que hablan de misterios y tramas homicidas o sexuales, y en cine grandes espectáculos intergalácticos, o en música unos ídolos plastificados para consumo adolescente, en arte son los clásicos. Sí, porque los clásicos si son respetados y admirados: lo bien que pinta Ingres, lo cercano que nos parece Hopper, y que decir de Velázquez o Goya. Y si las cosas van muy mal siempre nos quedaran Picasso o Dalí… porque más acá de Dalí ni Miró ni Tàpies consiguen esa masiva aceptación. Bueno, el realismo de Antonio López, que viene a ser como Dan Brown o Paulo Coelho en literatura o algo parecido.

Buscar las causas de este alejamiento antinatural del público, de la sociedad, con el arte que se produce en su propio tiempo debería estudiarse en las universidades, debería ser tema de congresos, de estudios, de seminarios, pero no, parece que a nadie dentro de este sector parece interesarle en absoluto. Todos parecen estar contentos hablando de curaduría o de photobooks y a nadie la importa que a nadie le importe lo que hacemos, a lo que dedicamos nuestras vidas. Ya sabemos que el arte siempre ha sido algo minoritario, dicen unos, sólo el tiempo y su paso hace que el arte sea estudiado, el arte de hoy será estudiado y apreciado en el futuro, cuando sea un “clásico”, dicen otros. Pero yo no lo veo así, eso es como cuando los documentos secretos de los gobiernos dejan de ser clasificados y cualquiera podría acceder a su lectura, ¿Cuántos los leemos? Siguen siendo sólo para unos pocos ojos. Ni el tiempo ni la historia en el futuro podrá decirnos quienes somos hoy, pues de lo que hoy existe lo que quede, lo que supere el olvido será aquello que las instituciones y los mercados quieran, les interese salvar, no será una selección limpia. Quedaran en el olvido tantos artistas, tantas obras, tantos esfuerzos, tantas ideas, será como todo lo que nunca sabremos de la propia historia de la política, todo lo que nunca sabremos de las guerras que nos mataron, de las crisis que nos arruinaron. Y yo no creo que el arte sea algo minoritario, ni creo que los secretos sean buenos. Yo sigo creyendo que “sólo para tus ojos” queda mejor en un poema de amor que en un documento secreto de un juego de espías.