OPINIÓN

  • Sobre crítica, poder, opiniones y resistencias

Dice Benjamin H. D. Buchloh que “resistir es una decisión política”. Sinceramente no puedo estar de acuerdo con esa afirmación. He seguido su trabajo durante años, a veces con interés y otras con respeto. Hoy sigo creyendo que es el testigo de una época, el más inteligente testigo de una parte de la Historia del Arte. Pero sus opiniones son suyas, no son ley. Y él se ha asentado en el establishment, en las filas de los que deciden desde allá arriba, desde el poder establecido, aunque él haya llegado hasta ese escaño gracias a su inteligencia, no como la mayoría. La crítica sigue teniendo sentido hoy en día. Y resistir no es una decisión política, es una decisión personal, una decisión de supervivencia, nuestra y de nuestra idea de ética, de nuestro sentido de responsabilidad. El Arte no es una ciencia exacta y por muy inteligente y culto que seas no puedes dictar las creencias y los gustos del mundo entero. Entre Gerhard Richter y Jeff Koons media un mundo, un diferente sentido del arte, pero no están en contraposición, son complementarios. Nunca podré entender a aquellos que idolatran a Duchamp y a Warhol pero odian sin límites a Jeff Koons. Todos estamos llenos de contradicciones y la Historia está llena de frases sublimes. Frases sublimes que son por lo general absurdas, incoherentes y en muchos casos contradictorias entre sí. Como el Arte. Como la literatura, como los hombres. Cuando Carl André definía la escultura como “aquello que hace un escultor” y al escultor como “el que hace esculturas” estaba sin duda dando la mejor definición de escultura y de escultor pero, al mismo tiempo, estaba diciendo algo de una simpleza limítrofe con la estupidez. Y ya sabemos que “una rosa es una rosa es una rosa es una rosa…”, y que “esto no es una pipa”. Frases célebres, ideas bellas y aclaratorias que jalonan la historia de la cultura, marcas en la memoria de todos los que leemos, de todos los que nos dedicamos al Arte. Pero tenemos que intentar superarlas, seguir viviendo después de saber que “un crítico de arte es un aficionado que escribe bien”, posiblemente la mejor definición del crítico de arte hecha, creo y cito de memoria y demasiado tarde como para intentar corregir mi alzheimer compulsivo, por Baudelaire.

La resistencia no es una decisión política, a veces sólo hay dos decisiones: resistir o rendirse. Personalmente creo que el mundo del arte, muchos de sus agentes, se han rendido de oficio antes de intentar luchar, antes de pensar siquiera en la posible resistencia. Resistir a la tentación de triunfar, no aspirar a dirigir un museo aunque sea de provincias, arriesgarse a no ser el amigo tonto o el amigo útil de los artistas y de las instituciones. Atreverse a dar una opinión y equivocarse, o no equivocarse que, a veces es aún peor. La crítica como una brecha en el establishment que, entre el mercado y la institución, todo lo compra y lo domina. La crítica nunca fue un sistema pedagógico ni cultural, mi admirado Benjamin, pues está destinada a nuestros iguales, los que ya saben, porque el que se acerca a una crítica de arte, de cine o de libros, ya sabe lo que puede encontrarse, ya sabe de lo que vamos a hablar. Los que leemos es lo que tenemos: que ya sabemos algunas cosas, a veces incluso más que los que escriben. Al crítico no le desplaza una sociedad más culta, todo lo contrario, al crítico la anula el mercado y el poder que aspira a ser absoluto de las instituciones y sus gestores. Son estos dos elementos (mercado y poder) los que quieren a un público que compre y calle, que acuda a las exposiciones santificadas por el establishment y olvide que hay arte fuera de los museos, ajeno al mercado. Eso no interesa, y no interesa una voz crítica que lo explique, que lo cuente, que lo recuerde, que hable de algo que no se venda en una gran subasta, en una gran feria ni se exponga en los museos. Es el museo el que quiere producir cultura y generar su propia crítica, una autocrítica light que calla todo y no dice casi nada. Es el mercado el que quiere excluir a los que no le resultan rentables. En fin, podríamos decir que también en esto el Arte reproduce la sociedad, una sociedad clasista y con ricos consumidores que cierran sus fronteras a personas que huyen y buscan refugios, condenándoles a una muerte en vida, a una vidas miserable. Decir que la crítica ya no tiene razón de ser es como decir que las ONG no sirven para nada. Que luchar por lo que se cree no tiene sentido.