El antiguo Canòdrom Meridiana debía haber abierto sus puertas, reconvertido en centro de creación contemporánea, hace algo más de un año. Clausurado en 2006 y rehabilitado sólo a medias (a falta de fondos que ascienden a algo más de un millón de euros para su finalización), este enorme edificio espera vacío y despojado a que el Ayuntamiento de Barcelona le adjudique finalmente una función que le permita seguir vivo. Nada se sabe y nada se prevee respecto al futuro uso de este edificio en el que se han invertido millones de euros y en el que los planes han ido y venido sin ninguna materialización final pausible. El Ayuntamiento insiste en que su dedicación al arte contemporáneo es un objetivo inamovible pero cada vez más parece que no será un punto de producción o exhibición sino más bien una sede para empresas culturales lo que no satisface a muchos vecinos de la zona que han visto como se han invertido en este proyecto más de tres millones de euros. A esto se suma el hecho de que el Ayuntamiento pactó con el distrito de Sant Andreu la realización de equipamientos para el uso de los vecinos en el edificio, equipamientos de los que tampoco se sabe nada.