El día 19 de abril, el MoMA de Nueva York inaugura Alibis:
Sigmar Polke 1963-2010
, la primera gran retrospectiva dedicada a este
artista y a su larga carrera, marcada por su vocación experimental y sus
juegos de mascarada. Sigmar Polke parecía ser muchos artistas a la vez: el
pintor, el fotógrafo, el videoartista, el escultor, el performer, el
estampador, el artesano del vidrio… Moviéndose siempre entre los rígidos
límites de las definiciones, no sólo logró escapar de las etiquetas
identitarias, sino que consiguió reunir lo opuesto en su obra, mezclar la
alta y la baja cultura, diluir la figuración en la abstracción y enredar
la realidad con la apariencia.
Tal vez porque Polke era muchos, el
trazado cronológico que sigue la exposición parece multiplicarse y
convertirse en un verdadero cruce de caminos en el que la biografía se
reinventa en cada sala, como si cada nueva identidad se burlase de la
identidad anterior. Precisamente el escepticismo y la mofa sobre la idea
de autoridad -ya sea la artística, la familiar o la gubernamental- fueron
constantes en la obra de Polke, y no es extraño que las más de 250 obras
que se han juntado para la muestra compartan cierto sentido del humor.
Desde sus primeros trabajos en los que, siendo un estudiante de la
Kunstakademie de Düsseldorf, Polke comenzó a interesarse por el Pop Art,
lo kitsch y la llegada de la cultura americana, hasta sus famosas pinturas
de puntos en las jugaba a distorsionar la realidad fotográfica, su obra ha
ido proponiendo una mirada irónica e incrédula hacia todo lo que le
rodeaba. Sus trabajos de los años 60 -marcados por la presencia de
imágenes de consumo cotidiano, procedentes de periódicos, revistas o
anuncios publicitarios- o su posterior trabajo cuestionando la ciencia y
sus objetivos de precisión, medida, objetividad y racionalidad, son
también buenos ejemplos de ello.
Siendo como es una muestra que
intenta trazar cronologías, no es de extrañar que los acontecimientos
históricos encuentren también su lugar cruzándose en la historia personal
del artista. Así, los cambios sociales se dejan ver en su obra: la llegada
de las drogas y los estados de conciencia alterados, los efectos de la
guerra fría, la enloquecida carrera por la conquista del espacio, el
desastre nuclear de Chernóbil, la caída del muro de Berlín en 1989… Pero
sus significados, contrariamente a lo que cabría esperar, no están
fijados, pues ellos también, como todas las imágenes creadas por Polke,
están sujetos a la suerte, al error y a los juegos de lenguaje que
permiten recrear las estructuras narrativas. Imágenes que no son lo que
parecen, que están y no están. A ese juego entre la aparición y la
desaparición parece aludir el título de la muestra: “alibi” es una
palabra latina que quiere decir “en otro lugar”, como si no se estuviese
del todo. Pero “alibi” también es una coartada, la que empleó la sociedad
alemana tras las atrocidades del nazismo diciendo “yo no he visto nada”.
Entre poder ver y elegir hacerlo anda el juego. (MoMa, Nueva York.
Del 19 de abril al 3 de agosto de 2014.)

Imagen: Sigmar
Polke
. Mao (detalle), 1972.

El día 19 de abril, el MoMA de Nueva York inaugura Alibis:
Sigmar Polke 1963-2010
, la primera gran retrospectiva dedicada a este
artista y a su larga carrera, marcada por su vocación experimental y sus
juegos de mascarada. Sigmar Polke parecía ser muchos artistas a la vez: el
pintor, el fotógrafo, el videoartista, el escultor, el performer, el
estampador, el artesano del vidrio… Moviéndose siempre entre los rígidos
límites de las definiciones, no sólo logró escapar de las etiquetas
identitarias, sino que consiguió reunir lo opuesto en su obra, mezclar la
alta y la baja cultura, diluir la figuración en la abstracción y enredar
la realidad con la apariencia.
Tal vez porque Polke era muchos, el
trazado cronológico que sigue la exposición parece multiplicarse y
convertirse en un verdadero cruce de caminos en el que la biografía se
reinventa en cada sala, como si cada nueva identidad se burlase de la
identidad anterior. Precisamente el escepticismo y la mofa sobre la idea
de autoridad -ya sea la artística, la familiar o la gubernamental- fueron
constantes en la obra de Polke, y no es extraño que las más de 250 obras
que se han juntado para la muestra compartan cierto sentido del humor.
Desde sus primeros trabajos en los que, siendo un estudiante de la
Kunstakademie de Düsseldorf, Polke comenzó a interesarse por el Pop Art,
lo kitsch y la llegada de la cultura americana, hasta sus famosas pinturas
de puntos en las jugaba a distorsionar la realidad fotográfica, su obra ha
ido proponiendo una mirada irónica e incrédula hacia todo lo que le
rodeaba. Sus trabajos de los años 60 -marcados por la presencia de
imágenes de consumo cotidiano, procedentes de periódicos, revistas o
anuncios publicitarios- o su posterior trabajo cuestionando la ciencia y
sus objetivos de precisión, medida, objetividad y racionalidad, son
también buenos ejemplos de ello.
Siendo como es una muestra que
intenta trazar cronologías, no es de extrañar que los acontecimientos
históricos encuentren también su lugar cruzándose en la historia personal
del artista. Así, los cambios sociales se dejan ver en su obra: la llegada
de las drogas y los estados de conciencia alterados, los efectos de la
guerra fría, la enloquecida carrera por la conquista del espacio, el
desastre nuclear de Chernóbil, la caída del muro de Berlín en 1989… Pero
sus significados, contrariamente a lo que cabría esperar, no están
fijados, pues ellos también, como todas las imágenes creadas por Polke,
están sujetos a la suerte, al error y a los juegos de lenguaje que
permiten recrear las estructuras narrativas. Imágenes que no son lo que
parecen, que están y no están. A ese juego entre la aparición y la
desaparición parece aludir el título de la muestra: “alibi” es una
palabra latina que quiere decir “en otro lugar”, como si no se estuviese
del todo. Pero “alibi” también es una coartada, la que empleó la sociedad
alemana tras las atrocidades del nazismo diciendo “yo no he visto nada”.
Entre poder ver y elegir hacerlo anda el juego. (MoMa, Nueva York.
Del 19 de abril al 3 de agosto de 2014.)

Imagen: Sigmar Polke. Mao (detalle), 1972.

El día 19 de abril, el MoMA de Nueva York inaugura Alibis:
Sigmar Polke 1963-2010
, la primera gran retrospectiva dedicada a este
artista y a su larga carrera, marcada por su vocación experimental y sus
juegos de mascarada. Sigmar Polke parecía ser muchos artistas a la vez: el
pintor, el fotógrafo, el videoartista, el escultor, el performer, el
estampador, el artesano del vidrio… Moviéndose siempre entre los rígidos
límites de las definiciones, no sólo logró escapar de las etiquetas
identitarias, sino que consiguió reunir lo opuesto en su obra, mezclar la
alta y la baja cultura, diluir la figuración en la abstracción y enredar
la realidad con la apariencia.
Tal vez porque Polke era muchos, el
trazado cronológico que sigue la exposición parece multiplicarse y
convertirse en un verdadero cruce de caminos en el que la biografía se
reinventa en cada sala, como si cada nueva identidad se burlase de la
identidad anterior. Precisamente el escepticismo y la mofa sobre la idea
de autoridad -ya sea la artística, la familiar o la gubernamental- fueron
constantes en la obra de Polke, y no es extraño que las más de 250 obras
que se han juntado para la muestra compartan cierto sentido del humor.
Desde sus primeros trabajos en los que, siendo un estudiante de la
Kunstakademie de Düsseldorf, Polke comenzó a interesarse por el Pop Art,
lo kitsch y la llegada de la cultura americana, hasta sus famosas pinturas
de puntos en las jugaba a distorsionar la realidad fotográfica, su obra ha
ido proponiendo una mirada irónica e incrédula hacia todo lo que le
rodeaba. Sus trabajos de los años 60 -marcados por la presencia de
imágenes de consumo cotidiano, procedentes de periódicos, revistas o
anuncios publicitarios- o su posterior trabajo cuestionando la ciencia y
sus objetivos de precisión, medida, objetividad y racionalidad, son
también buenos ejemplos de ello.
Siendo como es una muestra que
intenta trazar cronologías, no es de extrañar que los acontecimientos
históricos encuentren también su lugar cruzándose en la historia personal
del artista. Así, los cambios sociales se dejan ver en su obra: la llegada
de las drogas y los estados de conciencia alterados, los efectos de la
guerra fría, la enloquecida carrera por la conquista del espacio, el
desastre nuclear de Chernóbil, la caída del muro de Berlín en 1989… Pero
sus significados, contrariamente a lo que cabría esperar, no están
fijados, pues ellos también, como todas las imágenes creadas por Polke,
están sujetos a la suerte, al error y a los juegos de lenguaje que
permiten recrear las estructuras narrativas. Imágenes que no son lo que
parecen, que están y no están. A ese juego entre la aparición y la
desaparición parece aludir el título de la muestra: “alibi” es una
palabra latina que quiere decir “en otro lugar”, como si no se estuviese
del todo. Pero “alibi” también es una coartada, la que empleó la sociedad
alemana tras las atrocidades del nazismo diciendo “yo no he visto nada”.
Entre poder ver y elegir hacerlo anda el juego. (MoMa, Nueva York.
Del 19 de abril al 3 de agosto de 2014.)

Imagen: Sigmar Polke. Mao (detalle), 1972.