Sergio Larraín no tenía la intención de convertirse en artista a pesar de que su padre fue un importante arquitecto y estaba rodeado de un importante grupo de intelectuales. Sin embargo, los estudios de ingeniera forestal en Estados Unidos poco o nada tenian que ver con la atracción que sentía hacia la fotografía. Con una cámara en la mano y tras viajar por Europa, se mudó a Valparaíso, en Chile, ciudad en la que empezó a fotografiar la serie que le daría notoriedad. Los niños en las calles de aquella ciudad, personajes espontáneos en cafés y plazas. En definitiva, el retrato de aquello que se intuye materializado en imagen que dio lugar al libro El Rectángulo en la mano en 1963.

Sergio Larraín. Valparaíso, 1963

El Centro José Guerrero expone la trayectoria de este fotógrafo que en 1959 decide viajar a Sicilia en busca del mafiaoso siciliano Giuseppe Genco Russo, consiguiendo sumergirse en la vida de su familia. Corren los sesenta y su trabajo llega a las manos del mítico Henri Cartier Bresson, quien impresionado por su talento, le propone formar parte de la Agencia Magnum, de la que será miembro de pleno derecho a partir de 1961. Personalidades como Pablo Neruda le permite entrar en su casa y retratarle, fruto de aquellos encuentros Larraín publica Una casa en la arena.

Sergio Larraín. Valparaiso, 1963

Sergio Larraín. Valparaiso, 1963

Su trabajo como fotógrafo se vio publicado en revistas internacionales como Paris Match o el New York Times. Muy influenciado por la meditación, decidió retirarse del mundo profesional y mudarse a un pueblo de Chile hasta la fecha de su muerte en 2012.

(Sergio Larráin. Vagabundeos. Centro José Guerrero, Granada. Del 21 de enero al 27 de marzo de 2016