OPINIÓN

Efectivamente, esa es la cuestión. O tal vez ser o parecer. En esas se debaten los museos y centros de arte contemporáneo en todo el Estado español. Una situación que ya era familiar para prácticamente la gran mayoría de museos de bellas artes, alejados de inauguraciones y edificios de firma, solo que ni sus quejas ni sus problemas parecen interesar a nadie. No hay dinero. Una vez pagadas (o no) las infraestructuras millonarias y grandilocuentes nos encontramos con que no hay dinero ni para pagar la luz. Muchos son los museos de primera línea que cierran al mediodía para ahorrar horas laborales y gastos generales. Otros prolongan las exposiciones más allá de lo razonable (seis meses) por falta de medios, sin considerar que en ciudades pequeñas en las que el Museo había empezado a visitarse como algo habitual, esa duración aleja al más empedernido aficionado. Se acabaron las adquisiciones, las producciones de envergadura, los viajes pagados, los excesos de unos y las ideas brillantes de otros. Ahora es el momento de trabajar, de pensar, de ahorrar y de hacer algo con poco, a veces con casi nada. Claro, esto no era lo que esperaban todos los que con dinero público hacían carreras privadas, aunque algunos han conseguido salir a tiempo del desastre y salvar sus liquidaciones y sus contactos, guardarlos para mejores momentos.


Sorprende, sin embargo, la diferencia entre unos presupuestos de cientos de miles, con los que parece no poder hacerse nada, y otros que apenas llegan a los cien mil y que están llenos de ilusión y ganas… tal vez la diferencia radique en que no haya que mantener edificios monumentales, plantillas gigantescas (¿Qué museo español tiene 111 técnicos externos en plantilla, en plena crisis?), ni ambiciones descomunales. Tal vez solo sea el momento de los que tienen un proyecto y la capacidad, y la posibilidad, de llevarlo a cabo. Tal vez, también, sea que el funcionariado no encaja con el arte actual, en continuo cambio este y en perpetua inmovilidad el otro. Sorprende también ver cómo con menos algunos hacen más, mucho más, que sus predecesores (que siguen saltando de cargo en cargo, sin que sus obras lo justifiquen).


Los tiempos que ya han terminado se caracterizaron por un insensato derroche, por primar lo de fuera (al precio que sea) y olvidar lo que se tiene a mano (aunque sea de gran calidad), por querer ser más que nadie. Se han olvidado de que seguramente exponer a un artista, a muchos artistas, españoles es más barato que traer a un artista chino, o a muchos artistas alemanes. Que también es ahorro trabajar con proyectos nacionales, que no es una desgracia ni un desastre exponer a artistas de aquí. Que debería ser una obligación, además.
Así estos años encontramos centros de pequeñas ciudades que se anuncian en revistas extranjeras con exposiciones de artistas de otros países, desdeñando las publicaciones nacionales, y se olvidan de poner en el anuncio de donde son… como si los conocieran más allá de sus vecinos. Las galerías también lo hacen pero lo pagan con su dinero, no con el de todos.


Esperamos, con cierta curiosidad, ver que hacen nuestros guías artísticos sin dinero, con el justo, como todos los demás. Ver como trabajan con imaginación, esfuerzo y sin quejas, por favor, que aquí nadie tiene un euro. Y además ellos se pueden permitir lo que los demás ni soñamos: tener un presupuesto público ya prefijado. Los demás vivimos con el culo al aire y la ventana abierta.