OPINIÓN

Siempre se dice que el menos común de los sentidos es el sentido común. Yo creo que no, que el más escaso de los sentidos es el sentido del humor. No puedo ni contar la infinita cantidad de veces que en mi vida he tenido todo tipo de problemas solamente por querer quitar gravedad a cualquier situación. Por no ser lo suficientemente seria. Cuantas veces he acabado discutiendo con mentes serias, con intelectuales de lo más aburrido, porque no entienden nada de arte que pueda contener una pizca de humor, un gramo de alegría. No. Seamos serios, por favor. Con el arte, con la cultura, con la epistemología no se juega, no tratemos con frivolidad la sacrosanta inteligencia. La filosofía es sagrada, el conceptualismo intocable, la pintura toda parece degenerar de la religión. Y no sé si son peores los artistas o sus teóricos. Parece que me estén repitiendo aquello de con las cosas de comer no se juega. Y lo mismo pasa con los políticos, con los profesores, los médicos; y qué decir de los militares… pero el mundo de la cultura podría tener un poquito de sentido del humor por lo menos… Por lo menos, ya que no tenemos casi nada más. Pero no, no y no, seamos serios, hagámoslo todo como Dios manda; con seriedad, con ecuanimidad, de una forma lo más aburrida posible.
En verdad en verdad os digo, que no hace falta ser aburridos para ser inteligentes, ni para ser eficaces. En verdad os digo que si en mi vida me he topado con personas realmente brillantes, casi todas eran auténticos tipos simpáticos, divertidos, que se reían de todo y de todos, empezando por ellos mismos. Es como aquello de que para ser muy tonta hace falta ser rubia auténtica, les digo desde ahora que no, que también las hay teñidas, e incluso morenas o pelirrojas. Que no hace falta estar imbuido de tu propia importancia de que eres un gran artista, un teórico inviolable… que no, que luego te quedas sin galería y sin trabajo igualmente. Riamos un poco más, y disfrutemos de los puppies de colores, los globos hinchados de Jeff Koons, divirtámonos con el pop y el post pop, no luchemos a brazo armado para defender ningún privilegio estético, todo es flor de un día, flor de papel. Esos performers tan serios, me dan risa, esos artistas tan pagados de sí mismos que hablan de cualquier dibujito, de cualquier obrita miserable como si se le fuese la vida por el culo… ¡por favor! Si Caravaggio era un ladrón y un asesino, entonces las escuelas de bellas artes (en minúscula, por favor) deberían enseñar cómo forzar una caja fuerte, cómo asesinar a un rico y aburrido coleccionista sin dejar mancha de sangre. Seamos locos, gamberros, irónicos, alegres, vivamos mientras estemos vivos, porque no sabemos si luego podremos. Y en cualquier caso si no lo hemos intentado nunca, difícilmente sabremos hacerlo. Siempre recuerdo en estos casos no sólo a los más grandes, a los más divertidos, a los más trágicos, sino a aquellos que se suicidarían después de una gran juerga, esos son los mejores. Esos artistas que trabajan para ser felices y no para triunfar y vender por millones. Esos pensadores, esos escritores que disfrutan en cada coma y sonríen en los puntos y aparte. Con estos siempre lo pasas bien. Cuando un profesor disfruta enseñando, siempre aprendes de él, con él. No hay nada más repelente que un artista engolado, y si es joven ya produce asco directamente. Nada más espeluznante que un joven comisario que da lecciones. Pocas cosas más terribles que una exposición triste y aburrida. Si el arte, si la cultura nos aburre, es que ya estamos muertos. Si somos nosotros los que aburrimos a las ovejas, es que somos unos asesinos. Así que, por favor, ríanse diez minutos cada mañana y otros diez antes de acostarse; estira la piel y agiliza el cerebro. Rejuvenece, y sobre todo, es divertido.