Después del éxito de la muestra Picasso revelado por David Douglas Duncan, a principios de este año, llega la segunda gran muestra como parte de la celebración del centenario del nacimiento de Octavio Paz, que a poco más de una semana de su inauguración en el Palacio de Bellas Artes, registró más de 10.000 visitas.

El eje central de la exposición son los textos acerca del pensamiento estético y poético que el premio Nobel de Literatura dedicó al arte del siglo XX, mismo que quedó plasmado en los dos tomos de Los privilegios de la vista, ahora reunidos en su Obra completa.
El imperdible recorrido a través de 228 obras (libros objeto, piezas prehispánicas, pinturas, escultura, gráfica, fotografía y grabado) se divide en 11 núcleos que van del cubismo, abstracción, surrealismo y expresionismo, pasando de manera un poco abrupta por algunas creaciones mesoamericanas y orientales de otros tiempos, hasta cerrar con la pintura popular mexicana.

Imposible perderse la, probablemente irrepetible, visita de obras como: Las meninas de Picasso (1973); La Viuda Fresca y el Portabotellas de Duchamp (1968); por parte de la corriente expresionista: Rostro de la noche de Robert Motherwell (1991), Inclinación de Kandinsky (1944), Plano Rojo de Gerzso (2000), No. 5 de Mark Rothko (1970), México bajo la lluvia de Vicente Rojo (1932), No.15 de Jackson Pollock y Mujer de Miró; en la sala que corresponde al surrealismo sobresale una obra sin título de Yves Tanguy (1955), El nadador ciego de Ernst (1976), Composición de Henri Michaux (1984) y Au petit beurre extra de Alberto Gironella (1999); en la sala de La sonrisa de Eros o la perspectiva del erotismo de Paz, brilla La falena y Drawing room de Balthus (2001), Naturaleza viva de María Izquierdo (1955), Elogio de la luz de Chillida (2002) y Recámara de Willem de Kooning (1997).

Además de estas obras provenientes de importantes museos y recintos de diferentes partes del mundo como el Museo Reina Sofía, de España; la Tate Gallery, de Londres; el Centro Pompidou, de Francia; el Museo Chillida, de España; el Museo Solomon R. Guggenheim, de Nueva York, entre muchos otros, que son apenas la mitad de la exposición, hay también importantes obras provenientes de museos nacionales que giran, valga la redundancia, en torno al arte mexicano como Creación de las aves de Remedios Varo (1963), la etapa cubista de Diego Rivera (1957) con Retrato de Martín Luis Guzmán y algunas fotografías de Manuel Álvarez Bravo, que cierran los primeros núcleos temáticos y preludian la segunda mitad, dedicada a explorar el arte popular mexicano y su historia, desde la colonización en donde se mezclan los murales de José Clemente Orozco (1949), Diego Rivera (1957), David Alfaro Siqueiros (1974) y Rufino Tamayo (1991) con pinturas barrocas de castas de Miguel Cabrera (1768), Luis Mena (1746), Juan Rodríguez Juárez (1728) y José Joaquín Magón, para cerrar con el paisajista José María Velasco (1912) y los obligados grabados de Posada (1913).
La gran muestra estará abierta hasta el próximo año, así que hay tiempo de sobra para asistir y, de la mano de las palabras de Octavio Paz, adentrarse un poco más en el mundo del arte universal.

(En esto ver aquello: Octavio Paz y el arte. Museo Nacional de Bellas Artes, México DF. Del 12 de septiembre de 2014 al 15 de enero de 2015).


Imagen: Marcel Duchamp, Portabotellas, 1914.