Una vez Charles Saatchi trastoca el orden y la tranquilidad del mercado. Su nuevo reto amenaza con romper las subastas, si bien será en una casa de subastas, Christie’s, en el próximo mes de octubre. Saatchi, no conforme con ocupar las páginas de los periódicos con su peculiar forma de violencia machista, vuelve por sus fueros y a lo suyo que, después de la publicidad, es el arte… aunque tal vez para el siga siendo lo mismo. El diecisiete de octubre sacará a subasta un lote de 50 esculturas de gran formato, entre ellas algunas obras de Isa Genzken, David Altmejd, Tracey Emin, Kader Attia, los hermanos Chapman o David Bachelor, entre otros muchos. La novedad, y en parte también la provocación, es que estas piezas salen, contra lo que es norma de todas las subastas, sin un precio mínimo de adjudicación, con lo que puede ser que el mercado se rompa justo por el culo de la bolsa. Al poner obras de algunos de los más reputados artistas actuales, algunos de ellos presentes en los Pabellones nacionales de la actual Bienal de Venecia, sin un precio de estimación mínima puede suceder que estas piezas se adjudiquen por precios irrisorios, o al menos por precios muy por debajo de la cotización que sus galerías les dan. Con esta situación una vez más Saatchi parece querer demostrar esa máxima de que las cosas, aunque estas cosas sean obras de arte, sólo valen lo que en el mercado alguien quiera pagar por ellas.

En otras ocasiones se ha vinculado a Saatchi en la alteración de las cotizaciones de sus artistas al pujar en subastas por sus propias obras (junto a su estrella principal Damien Hirst) o más violentamente aún, al sacar a subasta lotes completos de obras de un artista a precios ridículos –como sucedió con el transvanguardista italiano Clemente- tirando por el suelo su cotización en el mercado.

El arte contemporáneo es un valor excesivamente etéreo todavía y actuaciones como esta ponen en peligro el interés de muchos coleccionistas que sólo acuden al mercado del arte como inversión. En cualquier caso, habrá que esperar a ver lo que sucede en octubre, porque en cuestiones de arte y mercado nunca se tiene nada seguro por completo.

Imagen: Charles Saatchi.