Hace más de medio siglo que falleció el escultor rumano Constantin Brancusi. Enterrado en el cementerio parisino de Montparnasse, ciudad a la que emigró en 1904, que alberga su estudio y sus principales trabajos y donde desarrolló su trabajo y se convirtió en uno de los escultores más representativos de la vanguardia. Sin embargo ahora el poeta Laurian Stanchescu, en representación de más de 84 parientes del artista, ha viajado a la capital francesa para entregar una carta al presidente de la República Nicolas Sarkozy en la que se reclama la repatriación del cuerpo del escultor a su país de nacimiento, incluso cuando el escultor se convirtió en ciudadano francés en 1952. Esta decisión de devolver los restos del artista a Rumanía se cree motivada como forma de apoyo y presión a la candidatura del conjunto escultural que este país ha presentado a la UNESCO para convertirlo en patrimonio de la humanidad. Un conjunto, situado en Târgu Jiu cerca de la ciudad natal de Brancusi, que conmemora las pérdidas de la I Guerra Mundial y que se pensó formado por once piezas de las que el artista sólo pudo terminar cuatro.