Asociado durante muchos años con el folclore, los estereotipos y el pintoresquismo, Julio Romero de Torres es un pintor cuya obra debería considerarse por encima de cualquier cliché. A pesar de que en su pintura es innegable la presencia de la cultura popular y la iconografía clásica andaluza, su obra también es parte de una vertiente del simbolismo única y diferente, con múltiples matices respecto al simbolismo francés originario.

En comienzos pictóricos, a pesar del estilo por el que se le conoce actualmente, Romero de Torres realiza una obra marcada por la pintura impresionista pero, en 1908 un viaje a Italia en el que conoce a los grandes maestros cambia su forma de concebir la pintura. Empieza entonces a preferir el detalle y la minuciosidad frente al abocetamiento, el oscurantismo frente a la luminosidad, decantándose además por una pintura más simbólica, con dualidades y dobles sentidos que no se aprecian a simple vista y que necesitan una mirada cuidadosa para extraer la verdadera riqueza de sus temas. Esta nueva concepción pictórica sumada a su perfección técnica y a la belleza de sus representaciones le convirtieron en uno de los maestros más reconocidos de su tiempo, gracias también al apoyo que le ofreció por aquel entonces el escritor Valle-Inclán.

La muestra Julio Romero de Torres. Entre el mito y la tradición que ofrece el Museo Carmen Thyssen de Málaga repasa la trayectoria de este artista a través de distintos temas recurrentes en su obra y su biografía: la alegoría, el erotismo, el luminismo y el realismo social entre otros. Una selección de pinturas excepcionales que riden homenaje a un artista no tan valorado como su obra quizás merezca. Hasta el 8 de septiembre.

Imagen: Julio Romero de Torres. Las hermanas de Santa Marina, 1915. Fundación Caja Rural de Córdoba.