Mona Hatoum sabe lo qué es el exilio, el desarraigo, la guerra. Nacida en Beirut en 1952, Hatoum y su familia palestina tienen que huir del Líbano. La inestabilidad política y social han marcado a fuego su trabajo artístico desde que en los años ochenta comenzara su carrera. El estallido de la guerra civil en su país en 1975 obliga a Hatoum a quedarse en Reino Unido donde estudia Arte y coincide con Stuart Brisley, una de sus grandes influencias. La Tate de Londres dedica una exposición a esta artista ganadora en 2008 del premio Rolf Schock, abarcando tres décadas de trabajo.

Mona Hatoum. Hot Spot III, 2009.

Mona Hatoum. Hot Spot III, 2009.

A partir de ese momento la obra de Mona está cargada de contenido político, de reivindicación, de experiencia personal al fin y al cabo, y lo expresa a través de la perfomance (Still, 1985). Con el paso del tiempo sus intervenciones se vuelven menos directas en pro de un minimalismo que también destaca en sus obras escultóricas. Al igual que en sus videos (Meassures of Distance) e instalaciones Hatoum sigue abordando las relaciones complejas y contradictorias del hombre con el mundo, con el entorno pero lo hace abandonando el “yo” de la perfomance para pasar a un plano más conceptual y abstracto. Sirva como ejemplo su obra Welcome, una gran alfombra que parece de terciopelo pero que de cerca, el espectador descubre que está hecha de clavos o la escultura Undercurrent (red), un globo terráqueo que desprende luz y cuya energía es tan potente como dañina. En el universo de Hatoum nada es lo que parece, la verdad del mundo, su horror y su belleza conviven al mismo tiempo.

(Mona Hatoum. Tate Modern, Londres. Desde el 4 de mayo hasta el 21 de agosto de 2016)