Los años 90 fueron una década dorada para la creadora británica Gillian Wearing. Durante estos años llevó a cabo sus obras más afamadas y, en 1997, recibió el premio Turner, una de las máximas distinciones del arte inglés. Su trayectoria desde entonces ha sido imparable y, sin embargo, hacía tiempo que su trabajo no se revisaba con detenimiento. Un trabajo centrado en el trauma, la interacción, la intimidad, los deseos ocultos, los secretos a voces y, en definitiva, los pequeños dramas y las historias por contar que se acumulan en la cotidianeidad e incluso en la biografía de la propia artista. Así por ejemplo, en el vídeo Dancing In Peckham que documenta una performance en la que Wearing baila sin música en medio de un centro comercial
-anodino y excesivamente corriente-, ante el estupor de un público improvisado. Una obra que trata un asunto crucial para Wearing y es el modo en que el anonimato, el no depender del contexto o las circunstancias de las que se proceden, sirven como vía para la liberación, para la catarsis. En otra línea similar, el jugar a ser otro o a no ser uno mismo, está presente en la muestra con trabajos como Self Portrait as My Brother Richard Wearing o Confess All On Video. Don’t Worry, You Will Be In Disguise. Intrigued? Call Gillian… (1994). Además de estas piezas, Whitechapel ha aprovechado la ocasión para mostrar la obra reciente de la artista por lo que hasta el 17 de junio, su retrospectiva puede ser una buena opción para conocer en profundidad las propuestas de esta artista.