Imponente y delicada, la fotografía que abre la exposición Pierre Gonnord. Retratista en el Centro de Arte de Alcobendas deja al fotógrafo al desnudo. Este retrato, el único donde aparecen dos rostros, cuenta la historia de un niño que se enfrentaba sólo a la cámara, a la vida mientras su padre se mantiene al margen. Ya iniciada la sesión de fotos, el patriarca del clan gitano de Los Salazares (2007) cambia de opinión y decide acompañar a su hijo. Es la historia del fotógrafo, la primera de tantas historias que cuenta con sus retratos. En ella podemos ver a Pierre Gonnord, una persona que mira directamente a los ojos del retratado pero también a su historia, su vida, la del propio fotógrafo. Autobiografías a dos voces, por todo el tiempo que Pierre Gonnord comparte con ellos para, finalmente, brindarles la tela oscura, un espacio donde brillar, donde ser ellos mismos y donde mirarse.

Pierre Gonnord, Armando, Serie Mineros, 2009

Pierre Gonnord, Armando, Serie Mineros, 2009

Hay una tradición dentro del retrato, la de representar a las clases altas y poderosas hasta que August Sander (1929) amplió este espectro a todo tipo de clases sociales, colectivos y personas cualesquiera que, sin embargo, constituían retratos significativos de una sociedad. Del retrato del adinerado al retrato del trabajador, también de las minorías, como estas tribus y clanes, herencias de otros siglos que aún resisten. Son imágenes que dejan hablar, permitiendo a ese Otro ser él mismo: revelarse. Revelarse para quedar fijado en un soporte físico y duradero, registro de un tiempo único. Y también revelarse en el sentido más político como Hattie (2012), retrato emperifollado de esta activista que conoció durante un viaje a Alabama para celebrar el 50 aniversario de la muerte de Martin Luther King.

Pierre Gonnord, Hattie, 2012

Su cámara viaja a estos espacios, a los carromatos, a las minas, lugares remotos… en busca de estas personas de otros tiempos, de una sociedad en extinción. Tiempos congelados en las fotografías o dilatados en el tiempo como sucede en el vídeo a cámara lenta, fotografía en duración que capta la mirada de los mineros al salir de la mina, de las profundidades y la oscuridad más absoluta. Ojos, bocas, arrugas y rastros de toda una vida que se esconde tras los retratos. Y detrás de todo ello, el artista. Hay rostros marcados por el tiempo, por las arrugas, por el hollín, incluso por las posiciones que la vida te hace tomar. Niños envejecidos por el paso del tiempo y viejos que conservan toda la inocencia, rostros que recogen la historia de los colectivos, de los grupos étnicos o sociales que representan. Jóvenes y ajados con rasgos distintivos de sus culturas; rostros viejos, vividos y llenos de ilusión, de ganas. Personas con historia.

(Pierre Gonnord Retratista, Centro de Arte de Alcobendas, 18 de mayo al 3 de septiembre de 2016)