Hasta que las cosas y los cuerpos sean como queremos que sean se presenta como un ciclo de cine, pero realmente va más allá, se trata más bien de un conjunto de obras audiovisuales que se oponen a la norma, a la taxonomía, a la realidad y a lo que se tiende a denominar natural. Todas ellas tienen un punto en común, la relación de la tecnología y el género. Las piezas que se expondrán en el CA2M abordan la construcción de los cuerpos y los roles desde la perspectiva queer, utópica y mística, usando el ciberespacio y las telecomunicaciones como una herramienta que transciende lo carnal. Agenciándose los códigos estéticos y narrativos de internet, propone una mirada autónoma e independiente sobre la propia imagen para jugar con ella, erotizarla, moldearla, pixelarla y borrarla, hasta convertir las cosas y los cuerpos en lo que queremos que sean. Este ciclo tendrá lugar cada domingo desde el 22 de enero hasta el 5 de marzo y la entrada será libre hasta completar aforo.

El punto de partida nace en los años noventa, cuando cuatro jóvenes se inician el el chick porn en Australia. Utilizando ordenadores robados, la idea inicial evoluciona, desligándose de la misma, para resultar el la creación del Cibermanifiesto feminista para el siglo XXI y en All New Gen, un videojuego para géneros no específicos. A su vez, la teórica británica Sadie Plant reclama el espacio cibernético como un espacio feminizante y feminizador. Sandy Stone, pensadora y artista transexual estadounidense, apuesta por la perpetuación de cuerpos sexuados en términos binarios en el espacio virtual como una extensión en la red del poder heterocapitalista patriarcal. A estos tres movimientos comunes, se suma Donna Haraway, que publica el Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX. Todas ellas tiene en común el uso del vocabulario cibernético como plataforma para la lucha de géneros.