OPINIÓN

Pues estoy pensando que todos esos homenajes a las víctimas de actos terroristas están ya un poco pasadas, que rozan el kitsch estético y moral. Que el dolor no se amortigua con velitas y flores que acaban formando (con la lluvia y el mal gusto) una especie de basurero multicolor, que hay otras formas. También estoy pensando que sin duda esta guerra mundial en la que estamos incluidos todos es, sobre todo, una guerra en la que se enfrentan dos formas de vivir, de ser, dos culturas, dos formas totalmente opuestas de entender al individuo y a la vida. Los valores religiosos, de una abstracción incomprensible para los occidentales, a pesar de venir de algún remoto lugar y pensamiento similar (no olvidemos nuestras cruzadas ni nuestros desmanes históricos), frente a otros valores individuales, más concretos en general aunque los políticos sólo hablen de libertad y de seguridad. También pienso que eso que nuestros políticos llaman libertad, el famoso bienestar de Europa es muy relativo y depende casi por completo de tu economía. Más que del régimen político que te gobierne. Pienso también en Cuba donde con dinero en el bolsillo hace mucho tiempo que el bloqueo del “Imperio” no existe, y usted sin enterarse señor Castro (Fidel). Parece mentira. Y pienso también en todos esos jóvenes que no han estado nunca en ningún país que no sea europeo (o Estados Unidos), por supuesto nunca en países árabes ni en países latinoamericanos, pero que hablan de ellos, sus actitudes políticas, sociales y culturales, sin entender nada, haciendo gala de una intransigencia cultural, de un ombliguismo rayando con el neocolonialismo. Pero ni se dan cuenta.

No se dan cuenta de que ya no somos el ombligo del mundo, ni París, ni Madrid, ni Londres ni siquiera Nueva York. Que todos los imperios dejan de serlo para dejar paso al siguiente, que los ritmos culturales se suceden como las olas de un mar inmenso, a veces a ritmo de tsunami. Y pienso que tal vez en el cambio de culturas y en ese no entender nada de muchos de los jóvenes del mundo encuentra su explicación los atentados terroristas que para matar cristianos vuelan un parque infantil en Pakistán, donde sólo mueren al final niños y mujeres musulmanes, dejando clara la estupidez de la violencia. Pero claro, la violencia no sólo es brutal e indiscriminada en las manos de los terroristas sino también en las de los pilotos occidentales (americanos, ingleses, franceses, rusos y pronto belgas….) que sueltan bombas en Siria sobre poblaciones civiles, hospitales, colegios… donde la mayoría de los muertos son también gente que no puede escapar, niños, mujeres y hombres que no han hecho nada más ni nada menos que los muertos de Paris, Bruselas, Madrid o Nueva York. Gente que estaba allí, simplemente viviendo. Y los que los matan unas veces es porque se lo manda Alá, o sus representantes en la tierra, y otras veces porque se lo manda un general, un presidente, el Poder o sus representantes en la tierra. Son tan parecidos y tan ignorantes que ni se dan cuenta. Pienso que todo es un problema de cultura, de falta de cultura. Porque ni Alá ni el Corán dice nada de matar a todo el mundo, ni hay por qué obedecer órdenes criminales.

También pienso en que Irán y Azerbayán van a Art Paris, una feria de arte contemporáneo y Líbano, Turquía, Georgia, otra vez Irán y algún país más que desde aquí creemos en guerra, tienen galerías de arte y coleccionistas ricos y acuden a las ferias del mundo más lujosas como si aquí, allí, no pasara nada.

Pienso en todo esto, en el miedo inevitable que da la vida. Y en la ignorancia de pensar que esto sólo ocurre ahora, cuando el terrorismo judío (o sionista) encabezado por terroristas que luego llegaron a ser presidentes y ministros de Israel ha marcado la historia reciente que casi todos han olvidado o nunca supieron. Terrorismo que nos acompaña oficialmente desde que el 28 de junio de 1914 el nacionalista serbio Gavrilo Princip asesinara en un atentado en Sarajevo (Bosnia, entonces parte del Imperio Austro-Húngaro; en la actualidad Bosnia-Herzegovina) al archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del trono austro-húngaro, dando la excusa perfecta para iniciar la Primera Guerra Mundial, cuyas causas más profundas obviamente son otras. Pero el baile comenzaba con el terrorismo y seguimos bailando al ritmo de las bombas, un baile de muertos.

Pienso que el arte, la literatura, el hombre y toda su cultura no sirven para nada, y que lo que recuerdo y de lo que nadie habla, es del degollamiento público del arqueólogo sirio que se encargaba del patrimonio arqueológico y cultural de Palmira por el ISIS cuando ocuparon la ciudad, su primer degollamiento público en Palmira. Ahora vuelve a manos del gobierno Sirio, pero su muerte simbólica parece que se ha olvidado. A él no le pusieron velitas ni banderas en ninguna plaza. Simplemente le mataron. En eso estoy pensando.