El arquitecto Shigeru Ban (Tokio, 1957) ha sido el ganador del Pritzker 2014. Se trata del séptimo arquitecto japonés en conseguir el premio que recompensa el trabajo de un arquitecto vivo en el que se combine talento, visión y compromiso. Las obras de Shigeru Ban lo hacen a la perfección, tanto sus encargos para clientes privados como sus arquitecturas humanitarias. En todas ellas se aprecia su empleo creativo de materiales poco convencionales -desde bambú hasta fibra plástica-, su afán por atender a las necesidades, físicas y sociales, de cada territorio, así como su compleja reflexión en torno a la estructura, las vistas, la ventilación natural, la luz o la habitabilidad.
El jurado ha destacado el carácter sostenible de su arquitectura, en la que “la sostenibilidad no es un concepto sino un hecho, algo intrínseco”. Su compromiso político le ha llevado a defender la utilidad y el carácter humano de sus construcciones, que se convierten en soluciones a problemas reales. Desde que con poco más de 30 años Ban propusiera a la ONU de Ginebra su renovadora solución tubular para los refugiados de Ruanda, no ha cesado de visitar lugares que han sufrido algún tipo de desastre para tratar de mejorar sus condiciones de vida. Y así, trabajando con ciudadanos, voluntarios y estudiantes, ha logrado construir innumerables refugios en zonas devastadas por terremotos, tsunamis, o guerras. Como el propio arquitecto ha señalado, se trata de ser capaz de trabajar en la emergencia, un terreno inestable y poco seguro desde luego, pero muy extenso, tanto que es casi imposible mirar hacia otro lado. Un terreno con prisas, que demanda una acción inmediata y organizada, como la que ofrece la VAN (Voluntary Architects’ Network), ONG fundada en 1995 por el propio Ban para ocuparse de esas zonas castigadas.
Sus propuestas destacan por su carácter low-cost y su simplicidad. Buenos ejemplos de sus refugios son la Paper log house para refugiados vietnamitas o la Paper Church, un centro comunitario para víctimas de Kobe. Allí mismo, en Kobe, Ban reutilizó cajas de cerveza como cimiento en las viviendas de emergencia levantadas tras el terremoto de 1995. Estos son sólo algunos ejemplos, pues sus primeros auxilios arquitectónicos siempre han acudido allí donde han hecho falta: Turquía, Bhuj, Puerto Príncipe, Onagawa, Italia… Otro de los rasgos principales de su arquitectura es el uso de materiales reciclables. Según Ban, este empeño en no desperdiciar nada responde a su educación japonesa. También a sus experiencias infantiles se debe su vocación. El arquitecto recuerda cómo se fascinaba por los carpinteros que trabajaban en casa de sus padres, por sus herramientas, por las piezas que encajaban unas con otras y el olor de la madera. Evocando así un imaginario mágico y cándido que resuena en sus propias construcciones, como en la catedral de cartón de Christchurch (Nueva Zelanda), un edificio de papel que se puede rehacer pieza a pieza.
Tras conocer el fallo del jurado, Ban ha declarado que se toma el premio como un estímulo para seguir haciendo lo que está haciendo: hacer el mundo un lugar mejor. O un lugar habitable, al menos.