Encerrado en China, sin pasaporte ni posibilidad de salir del país, desde 2011, perseguido y acosado por su actitud crítica con el gobierno, Ai Weiwei, el que otrora fuera la estrella del arte oficial chino (no olvidemos que fue el diseñador del Palacio de los Juegos Olimpicos chinos), ha podido finalmente exponer en Londres en la Royal Academy y poder estar presente en la inauguración con una visa de seis meses que, tras mucha tensión, le fue concedida por el gobierno inglés, aunque en principio se la negó. Ai Weiwei ha conseguido que cuatro años sin salir de su país nos hayan parecido a todo Occidente una tortura brutal, y que parezca que él es el único artista perseguido por gobiernos autoritarios del mundo. Algo que si miramos a Siria, Egipto o Venezuela no deja de parecernos un chiste. Pero ya en libertad habrá que empezar a hablar de su obra, y su exposición parece que cumple con todas las expectativas, tanto estéticas como políticas. La grandiosidad de sus instalaciones, su lirismo y exacta perfección, ha sido sin duda su mejor presentación en esta nueva etapa de su vida.

Ai Weiwei (China, 1957) es hijo de un poeta disidente y creció en campos de trabajo en los que su padre fue recluido, hasta que pudo viajar a Nueva York (lugar de residencia hasta 1993), regresando entonces a China, debido a la enfermedad de su padre. Desde 1995 inicia su trabajo con antigüedades y muebles que formarían sus primeras instalaciones, dando un nuevo uso a objetos que ya no tenían ninguno.

(Ai Weiwei, Royal Academy of Arts, Londres. Del 19 de septiembre al 13 de diciembre de 2015).

 

Ai Weiwei. Coloured Vases, 2006.

Ai Weiwei. Coloured Vases, 2006.

Ai Weiwei. Video Recorder, 2010.

Ai Weiwei. Video Recorder, 2010.

Ai Weiwei. Straight, 2008–12.

Ai Weiwei. Straight, 2008–12.