OPINIÓN

Estas dos palabras juntas parecen una contradicción en sí mismas. La política no parece estar nunca muy interesada por la cultura, excepto, claro está, cuando se trata de inauguraciones, entrega de premios y todo aquello que sea susceptible de tener un efecto en la prensa y, especialmente en la televisión. Si se trata de que haya una foto en algún sitio, allá van todos a inaugurar una exposición que ni siquiera miran y que es tan evidente que no les interesa que hasta da dolor. Como comisaria intermitente en más de una ocasión he tenido que “explicar” la muestra al político de turno, todavía no he encontrado a ninguno que realmente esté interesado por lo que le cuento ni por lo que ve.


Normalmente tienen prisa pues les esperan en otra inauguración, reunión, rueda de prensa, lo que sea. Les espanta el arte actual pero no quieren quedar como ignorantes. Confunden cultura con inauguración y esa es la más profunda ignorancia.


En los planteamientos electorales por supuesto la cultura no importa, excepto, una vez más, para atraerse a una serie de nombres y caras con fuerza mediática. Y ya ni eso, en tiempos de crisis nadie se preocupa por ese apartado “tan abstracto”, como dijo Rocío Jurado, de nuestras vidas. De hecho parece que la educación también ha bajado de importancia, no sólo por los recortes sino por la falta de interés en sus contenidos y en sus formatos. De hecho se especula, como sucede cada vez que se prevé un cambio de gobierno, con que el Ministerio de Cultura no tiene sentido que en el mejor de los casos se fundirá con el de Educación, o se hará uno de Deportes (¡¡mucho más importante que la cultura, donde va a parar!!) en el que se incluiría cultura como secretaría general. Esperemos que alguien dentro del partido ganador todavía sepa diferenciar entre la imagen externa y el contenido de las cosas, que alguien (porque en cualquiera de los partidos existen personas suficientemente cultas, bien es cierto que no en los puestos de cabeza) y se mantenga el sentido común, el sentido real de buscar el bien común, y eso pasa siempre por la cultura, por su cuidado y por su desarrollo.


¿Cuál es la postura de la cultura ante la política? El mundo de la cultura depende cada vez más de las instituciones en un proceso que no es bueno en sí mismo pero que se ve como inevitable en un país cada vez con menos educación, con un sector privado absolutamente centrado en el beneficio contable y que se aleja con repugnancia de cualquier vinculación con la cultura, especialmente con la actual. Si prevalece la idea de Mariano Rajoy de dejar la cultura en manos de la esponsorización privada habrá que empezar a preparar el funeral de todos nosotros. Hoy en día hasta las cajas de ahorro han abandonado su obra cultural y no tardarán en hacer lo mismo con la obra social. Las grandes marcas miran hacia el deporte, hacia aquello que tiene fuerza mediática, que sale en televisión, vamos. Nadie va a poner dinero en el arte, en la música, en la poesía de hoy. Nadie se va a preocupar por el bien público si las instituciones, el Estado abandona a sus creadores, a sus industrias culturales, a sus científicos, pensadores, artistas, al mundo de la cultura.

Esa es una catástrofe que cada periodo electoral se ve acercarse sin que los grandes medios se hagan eco de nuestras preocupaciones y temores. Y puede ser una catástrofe que como las nucleares, dejen el territorio nacional baldío para los siglos venideros, una destrucción total e irreversible de nuestra única riqueza: el patrimonio de ayer y el del futuro, la cultura.

Sally Mann. Serie Deep South, detalle, 1998. Cortesía de la artista