Agnes Martin (Macklin, Canadá, 1912-Taos, Nuevo México, 2004) es quizás recordada por sus evocativas pinturas, marcadas con líneas sutiles a base de lápiz y toques pálidos de color. Su estilo se definía bajo la profunda convicción del poder emotivo y expresivo del arte, creyendo más en la inspiración espiritual que en el intelecto a la hora de hacer un buen trabajo. “Sin la conciencia de la belleza, la inocencia y la alegría, una no puede hacer obras de arte”, así lo definía la misma artista. Martin, que se trasladó a vivir y trabajar a Nueva York, se convertiría en una figura clave en un campo dominado por lo masculino como es la abstracción de los 50 y 60. Fue justo en 1967, mientras Martin estaba consiguiendo un mayor reconocimiento, cuando decide abandonar la ciudad y marcharse en busca de soledad y silencio. Durante casi dos años viajó por Estados Unidos y Canadá hasta asentarse, de forma definitiva, en Nuevo México, como ya hicieran Georgia O´Keeffe, Mark Rothko, DH Lawrence o Edward Hopper antes. Desde entonces hasta el resto de su vida continuaría su trabajo allí hasta su muerte en 2004.

Esta es la primera retrospectiva en torno al trabajo de Martin desde 1994, cubriendo toda la amplitud de su práctica y mostrando desde su obra más temprana hasta sus piezas más reconocidas posteriores. Con ocasión de la exposición se organizan también actividades paralelas como un ciclo de cine, charlas y conferencias, así como performance y música en torno a la obra de una de las artistas abstractas más célebres. (Agnes Martin, Tate Modern, Londres. Del 3 de junio al 11 de octubre de 2015).


Imagen: Agnes Martin. Untitled, 1963.