Al igual que por estas fechas es costumbre y tradición el comer ciertos dulces, o que para el creyente o no creyente sea inevitable toparse con alguna procesión, hubo un tiempo en el que también era costumbre el estreno de alguna película de carácter religioso, un tipo de cine que se convirtió en un género cinematográfico en sí mismo con variantes que van desde las películas moralizantes o resaltando valores, las películas de santos y las de referencias directamente bíblicas. Ya en 1922, Los Angeles Times convocó un concurso por orden del director (y empresario) Cecil B. DeMille para testar los gustos del público en cuanto a qué temas les gustaría ver reflejados en pantalla. Entre la vorágine de respuestas una gran demanda se volcaba en temas bíblicos, con el consiguiente plus de no pagar derechos de autor. Así pues en 1923, DeMille dirigió su versión de la historia de Moisés en Los diez mandamientos, transcurridos más de 30 años realizó un remake de su propia obra, en la película más conocida por el público en general, la encarnada por Charlton Heston en 1956; si bien entre ambas versiones le dio tiempo a realizar una adaptación del famoso relato bíblico entre el forzudo Sansón y la bella Dalila en Sansón y Dalila (1949), motivos suficientes por los que John Ford tildara a su compañero de convertir Hollywood en un púlpito. Los títulos ya mencionados supusieron grandes costes para sus productoras, especialmente en apartados de decoración y por la gran cantidad de extras que solían requerirse, si bien los ingresos por los beneficios de las mismas eran más que rentables; proliferaron pues un gran número de superproducciones espectaculares que utilizaron la religión, algunos con carácter moralizante, en general como excusa para trasladarnos a escenarios exóticos, melodramas exacerbados con historias originales no sin dosis de erotismo (lo justo).


A las ya mencionadas, señalar títulos como Quo Vadis (1951) de Mervyn Le Roy; David y Bethsabé (1951) de Henry King; La túnica sagrada (1953) de Henry Koster, supuso la primera película ideada en sistema cinemascope, grandes vistas panorámicas con las que se intentaba desde los estudios de Hollywood plantar batalla a la interrupción de la televisión; Rey de reyes (1961) de Nicholas Ray; Barrabás (1961) de Richard Fleisher; El evangelio según San Mateo (1964) de Pier Paolo Pasolini, destaca por la personalísima visión (alejada del estilo estampita al que Hollywood nos tenía acostumbrado) de la vida de Jesucristo, sencilla y sincera, rodada con una simplicidad extrema erigiéndose en uno de los títulos culmen del género a manos, para más inri, de su ateo director; La historia más grande jamás contada (1965) de George Stevens; La Biblia…en principio (1966) de John Huston, una insípida y aburrida narración del Génesis, que bien podría haber sido otra cosa si la idea inicial de contar con varios cineastas entre los que figuraban Buñuel o Visconti hubiera llegado a buen puerto. En la década de los 70 destaca la conversión de la figura de Jesús en protagonista de una ópera rock, adaptación de una exitosa obra de Broadway, en Jesucristo Superstar (1973) de Norman Jewison, donde se proponía una revisión del Nuevo Testamento a la luz de la filosofía y la estética hippie. En los 80, Martin Scorsese y su habitual guionista Paul Schrader daban su personal visión de la vida del Mesías en La última tentación de Cristo, atípico y controvertido film que causó no pocos boicots en cines, intentos de prohibición… que no hicieron sino que se tradujese en un éxito proporcional al escándalo suscitado. Parecido caso a La pasión de Cristo de Mel Gibson, título que no lleva a engaño y que conmovió a miles de espectadores tanto como repulsión por el tratamiento gore del calvario al resto.
Suficientes ejemplos por estas fechas, para acompañar tardes de sofá con torrijas, mientras el incienso corre por las calles y un motivo de celebración para los cinéfilos cuando después de 55 años se reestrena una de las obras más celebres de la historia del cine, Ben Hur (1959) de William Wyler.

Imagen: Fotograma de Ben Hur (1959) de William Wyler