Carolina García

Más de cincuenta años dedicados al arte son los que lleva Gerhard Richter (Dresde, 1932), durante los cuales, no ha cesado de explorar diferentes géneros, temáticas y soportes, siempre manteniendo una especial relación con la pintura. Tras pasar por la TATE Modern de Londres y la Nationalgalerie de Berlín, la muestra aterriza en el Centre Pompidou de París tras casi veinte años sin una muestra individual del artista. Lo hace con una presentación diferente a las de las anteriores sedes ya que el propio artista ha colaborado en la concepción de la muestra en cada uno de sus destinos. Un total de 149 piezas, que describen los diferentes momentos de su trayectoria desde la abstracción a la figuración, abordando temas tan delicados como el nazismo y el terrorismo; hacen balance de la versatilidad de su trabajo y demuestran su cotización actual. La comisaria de la muestra, Camille Morineau, ha propuesto un itinerario tanto cronológico como temático que parte de sus “photopaintings” de los años sesenta, obras realizadas a partir de fotografías de prensa y publicidad, como hiciese el propio Warhol, donde los contornos se difuminan creando un efecto de desenfoque. Para continuar con su trabajo más abstracto que se ha mantenido a lo largo de los años donde las capas de pintura se superponen y aplastan para traer de vuelta las capas inferiores, lo que supone la entrada del azar en la composición de sus obras, de la aleatoriedad en su producción. Sin olvidar una línea más figurativa a través del retrato de familiares y algunos de sus trabajos más recientes como Strip (2011), líneas de colores obtenidas a partir de una obra digital en una foto y pequeñas pinturas de esmalte sobre vidrio. Abierta desde el 6 de junio hasta el 24 de septiembre y, a partir del 7 de junio, también habrá una muestra de dibujos del artista en el Museo del Louvre.

Imagen: Gerhard Richter. Ema, 1996. Museum Ludwig, Colonia. © Gerhard Richter, 2012.