Todavía estamos en julio pero ya hay algunas instituciones que presentan sus cartas de cara a otoño. A partir de septiembre comienza de nuevo el rodaje habitual de museos, galerías y espacios culturales en general; inauguración de exposiciones, talleres, conferencias, actividades, ciclos de cine, art weekends y un sin fin de eventos que se añaden a la programación de cada lugar. Septiembre es sinónimo de volver a empezar, como un nuevo año. Una de las instituciones que ya ha anunciado su programación para el último cuatrimestre de 2017 ha sido la Fundación Mapfre, que prepara tres nuevas exposiciones: dos en Madrid (Zuloaga en el París de la Belle Époque y Nicholas Nixon) y una en Barcelona (El infierno según Rodin).  La primera en abrir sus puertas en la Sala Bárbara de Braganza será la dedicada al fotógrafo americano Nicholas Nixon, que podrá verse desde el 14 de septiembre hasta el 7 de enero de 2018, y que se trata de la mayor retrospectiva sobre el artista realizada hasta la fecha. Una muestra en la que se encontrará un hilo conductor claro, su mundo propio sin límites, su asombrosa capacidad de reinventarse, que invita al espectador a viajar desde las vistas de Nueva York o Boston en los años sesenta hasta la serie de las Hermanas Brown, que supuso una de las mejores reflexiones sobre el paso del tiempo en la historia de la fotografía. La exposición estará ordenada de manera cronológica y hará un recorrido por toda la obra de Nixon, agrupándose las fotografías en series. Desde que Nixon comenzó siempre se ha centrado en el retrato, estableciendo un claro interés por las posibilidades descriptivas de la cámara, revelando así una tensión entre lo visible, el contenido, lo invisible, los pensamientos e inquietudes que pueden vislumbrarse en sus fotografías. Si bien la fotografía ilustra todo aquello que puede verse para reproducir esa realidad, Nixon con su trabajo hace lo contrario, retrata el amor, la pasión, la felicidad, el dolor, la intimidad, el paso del tiempo, la soledad… Retiene con su objetivo esos instantes fugaces a los que, gracias a él, siempre se podrá volver. En la exposición de la Fundación Mapfre se podrá ser testigo de esto, de los mundos que se exploran que denotan cierta preocupación social y de conocer la técnica utilizada por Nixon con el uso de cámaras de gran formato que imponen cercanía y la cooperación de los retratados.

A partir del 28 septiembre, y también hasta el 7 de enero, será el turno de Ignacio Zuloaga y su etapa parisina en la Sala Recoletos. Con la exposición dedicada al pintor vasco se pretende ofrecer una nueva visión de su obra, que se desarrolla en su mayoría en el París del cambio de siglo, entre 1889 y 1914, y que muestra una sintonía temática y formal con el mundo moderno. Aunque a Zuloaga se le ha relacionado con la España Negra, él siempre tuvo un gran empeño en ser un pintor francés y antes de exponer en nuestro país lo hizo en Rusia, en París o en Estados Unidos. Por lo tanto, la muestra que acoge en torno a 90 obras se centrará en la faceta del artista que no es sólo un pintor que realizara “españoladas”. Zuloaga estuvo en su época muy ligado a críticos como Charles Morice o Arsène Alexandre, poetas como Rainer Maria Rilke y a artistas como Émile Bernard o Rodin, algo en lo que también hará hincapié la exposición. Además, se presentará cómo la producción artística del vasco combina un gran sentido de la tradición con una visión plenamente moderna, muy ligada al simbolismo y a la Belle Époque; una producción que tuvo su esplendor en París hasta 1914. Esta muestra estará dividida en varias secciones: Ignacio Zuloaga: sus primeros años; El París de ZuloagaZuloaga y sus grandes amigos: Emile Bernard y Auguste Rodin; Zuloaga retratista; La mirada a España, y por último Vuelta a las raíces. Por lo tanto, es una distribución completamente cronológica a lo largo de estos años de carrera.

Por su parte, en la Sala Garriga i Nogués de Barcelona a partir del 10 de octubre, y hasta el 21 de enero de 2018, se podrá visitar El infierno según Rodin, a propósito del centenario de la muerte de Auguste Rodin. Esta muestra invita al público a conocer profundamente una de las obras claves de la carrera del escultor francés, La puerta del infierno, en la que trabajó más de veinte años y que ofrece una visión particular, febril, tormentosa, sensual y evocadora del infierno. Fue en 1880 cuando Rodin comenzó a realizar esta pieza, debido a un encargo por el Estado francés para una puerta de un futuro museo de artes decorativas. El artista se centró en la expresión de las pasiones humanas, basándose en la Divina comedia de Dante e influido por Las flores del mal de Baudelaire. La exposición que acoge la Fundación Mapfre reunirá cerca de un centenar de esculturas, cuarenta dibujos en su mayoría inéditos, maquetas y modelos que permitirán seguir el proceso creativo de Rodin y la evolución que sufrió la puerta a lo largo de los años.