OPINIÓN

Una de las funciones del arte es hacernos la vida más llevadera. Y una de las obligaciones del público es ser abierto de mente. Cada uno puede entender por arte, por bello e incluso por contemporáneo lo que le parezca más oportuno, pero lo que no está permitido es negar la mayor: es decir, no está permitido despedazar lo que no nos gusta, ni siquiera para intentar convencer a otro de que lo nuestro es lo mejor. Porque en arte vale todo, es una de las ventajas del arte sobre la ciencia, de la pintura sobre la medicina, de la performance sobre las matemáticas, de la fotografía sobre el cálculo de estructuras: ni la pintura, ni la performance, ni la fotografía mata si no es buena. Por eso siempre se ha dicho que el arquitecto es el artista superior, el que diseña una obra de arte en la que vivimos, claro que eso era cuando los arquitectos no sólo se preocupaban de hacer museos, bancos y todas esas nuevas catedrales sin culto que ya no son el refugio de los necesitados. El arte vale para todo, para soñar y para disfrutar, vale para reflexionar y para sufrir. Para pensar y para dejar la mente en blanco… sólo depende de quién mire. Con el arte, como con la lectura, nuestros conocimientos y nuestros sentimientos se expanden y llegamos a lugares nunca previstos, no importa si es a caballo de un Van Gogh o de un Warhol, de un Botticelli o de una obra de Kiefer, realmente tampoco importa mucho adónde lleguemos porque como en todo viaje lo más importante es el viaje, y con el arte comprendemos, como con la literatura o con la música, que ese cambio pequeño y misterioso que sucede a una experiencia nueva y diferente, ese aparentemente insignificante cambio, depende casi exclusivamente de cada uno de nosotros.

El arte realmente vale para todo, bueno, el arte y sus sucedáneos. También para decorar, para llenar una pared que no queremos vacía, para tapar una huella que no se puede borrar, para borrar un mal recuerdo y para construir una nueva experiencia. Toda la vida se ha usado para todas estas cosas, aunque tal vez muchos no lo sepan y otros no se hayan dado cuenta. Porque no hace falta tener el Guernica en tu habitación, algo que ciertamente muy pocos podrían hacer en todo el mundo, basta con un cartel del Guernica. Y eso… eso lo han tenido muchos. Y no por ser más pequeño que el original ese cartel con el que estudiaba de fondo tu padre, tus tíos o tú mismo, tiene menos valor que el original. Porque original y copia es una diferencia que no siempre separa valor y significado. En arte, el original es inaccesible para prácticamente todos, pero no por eso el arte es inaccesible para nadie, sólo para los que no quieren dejar entrar en su mente y en sus cuerpos el aire de lo nuevo, la experiencia del dolor, de la alegría… de todo eso que leemos en los libros, que sentimos cuando escuchamos música, de lo que en un abrir y cerrar de ojos se apodera de nuestra memoria ya para siempre. Todos podemos tener esa obra de arte que siempre nos gustó en casa, porque está en los libros, igual que está en nuestras retinas. Y además de los carteles y de los libros y de los catálogos, ya está en internet; e igual que cada vez que queremos escuchar esa canción que nos hace sonreír sabemos que en YouTube la podemos encontrar, igual sucede en Google con cualquier imagen… ya sé que no es lo mismo, pero tampoco es lo mismo ver la foto de tus hijos que tenerlos en brazos cuando eran bebés, no es lo mismo mirar las fotos del viaje que hiciste por cualquier país que andar por sus caminos, pero las fotos siguen aquí y el viaje se quedó en el tiempo pasado. Tus hijos ya tienen 30 años y viven en Holanda, pero las fotos las tienes tú y están contigo para siempre. Una bandera es un trapo, pero muchos mueren por defenderlo, o por lo que sea que creen defender.

El arte es un cartel, un cuadro, una palabra, una acción, el arte es una ilusión, una suspensión de ideas que toman un cuerpo, que se convierte en una imagen, que se hace de bronce o de piedra, el valor es el mismo. Un papel y una imagen etérea proyectada en una pared, unas manchas inconexas y un dibujo perfecto. El arte es lo que cada uno crea que es arte. Luego está lo que se estudia, se analiza, se categoriza, se valora, se compra y se vende, se expone en museos y bienales… pero eso es otra historia, otro cuento, para otro día.