OPINIÓN

Iba a titular este texto de otra manera, el título iba a ser No es el dinero, estúpidos. Pero creo que el insulto ya está demás, que ya los políticos insultan por toda la ciudadanía mundial, y que nosotros, los ciudadanos, podemos demostrar un poco más de educación justo en estos momentos. Además voy a hablar de todos nosotros, el público. Esa masa que dicen algunos que siempre tiene razón. Me perdonarán todos, pero yo creo que el público nunca o casi nunca tiene la razón… por lo menos para los que no opinan como la mayoría, es decir para gente como yo. Y no voy a hablar de democracia ni de resultados electorales, no se preocupen. Voy a hablar del público que va y que no va al cine, del que va y va y va al fútbol, del que no va a las galerías y a los museos, pero que va y va a las ferias de arte. Es decir, de ese público que se puede gastar 70 euros en ver un partido de un equipo que no va a quedar ni siquiera entre los 10 primeros del campeonato, pero que pagar 8 euros por ver una película le parece un robo. De ese público que paga un hotel, una entrada (más los gastos en comidas, bebidas, y varios) y recorre medio país para ver mal y oír peor un concierto en un macrofestival. Hablo de toda esa gente que se gasta lo que sea en cervezas cada día pero que gastarse 20 euros en un libro le da como cosa. Toda esa gente que piensa que la cultura debe de ser gratis, desde el museo, al libro (y jalean a los ladrones de libros como si fueran héroes); que se descargan todo sin pensar que aquellos que crean esos contenidos viven de su trabajo, ese que ellos creen que debe de ser gratis, y a los que pagar por ver Juego de Tronos es una estupidez, comprar un disco un anacronismo e ir al cine un exceso, porque el cine es carísimo, mejor ir al fútbol o comprarse un plasma gigante para casa (para ver mejor lo que se bajan gratis de la red) o un Home Cinema que se ve mejor y es más fino y elegante, casi intelectual.

Hace poco leía un artículo sesudo en una revista que por supuesto robé, en el que alguien –ya no recuerdo quien– decía que el problema del teatro, del cine o de la literatura no eran los contenidos sino el público. Decía que nos habíamos quedado sin público. Yo estoy de acuerdo totalmente con este señor. No es un problema de contenido. Tampoco es un problema del IVA. Y sé que esto que voy a decir no le va a gustar a nadie, pero ya saben que esa es mi especialidad: el problema del arte actual no se termina bajando el IVA, ni eliminando, ni regalando un bocadillo o una tarta de manzana por cada cuadro o fotografía o dibujo o lo que sea que compren. Mucha parte de ese público que siempre tiene la razón no quiere una obra de arte de hoy ni regalada. Ese es el problema. En la fiesta del cine celebrada en España el pasado mes se batieron los récords de asistencia: en tres días, dos millones seiscientos cincuenta y un mil cuatrocientos noventa y cuatro espectadores compraron una entrada y vieron una película. Algunos de ellos afirman que no habían ido al cine en 3 años, otros tal vez una vez al año. El precio de la entrada era de 2,9 euros. El resto del tiempo esa entrada está entre 6 y 8 euros. La diferencia, como ven, es prohibitiva. Una vez a la semana, al mes, un espectador normal no puede asumir ocho euros. La culpa es del IVA. El 100% de los encuestados afirman no ir más al cine por el precio, demasiado caro. Nadie habla de los miércoles que es el día del espectador y están los precios rebajados. Es demasiado caro y prefieren salir con los amigos a beber cervezas, o quedarse en casa y bajarse películas gratis y verlas en la tele o el ordenador, o el home cinema… no creo que lo sustituyan por la lectura de un libro. Y aquí debo recordar que la entrada a las galerías de arte es gratis, siempre; que los museos tienen todos unos días al menos gratis, y otros son siempre gratis. Que si lees más deprisa de lo que tu bolsillo te permite, hay bibliotecas públicas… que ver cine en los canales de pago viene a ser unos 10 euros al mes (algunas van incluidas en contratos de otros servicios) para toda la familia. Vamos, que el dinero no es el problema para la gran mayoría.

Por supuesto, cada uno puede gastar su dinero y su tiempo libre en lo que desee, lo que le guste y lo que le dé la gana en definitiva, pero no es culpa de los contenidos, ni del dinero, ni del IVA. Es el público. Y esto no lo arregla una bajada del IVA (que si puede, en cambio, ayudar a la venta de obra de arte, pero esa es otra historia), sino una reforma educativa, una reeducación de las familias actuales para que consideren más importante que sus hijos sean cultos a que jueguen bien al fútbol o sepan conducir un coche desde niños. Una sociedad que valore la cultura será sin duda una mejor sociedad, con unos mejores políticos, con unos ciudadanos que sepan hablar y sobre todo que sepan pensar. La diversión es una parte esencial de la educación, el tiempo del ocio define qué somos y cómo somos. Cómo gastamos nuestros días, en qué ocupamos el tiempo libre, preguntaba la canción, para saber cómo era el amante que le sustituía en los intereses de su ya ex pareja. La pregunta es crucial y la respuesta (que nunca llegamos a conocer) debió de ser definitiva. Y no es culpa del IVA, es el público, estúpidos.