Una nueva reducción del 30% en los presupuestos de instituciones clave para la cultura como el Museo Nacional del Prado, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la Red de Bibliotecas Públicas o, entre otras, la Dirección General de Industrias Culturales amenaza la salud, y la supervivencia, de la educación y el conocimiento en nuestro país.

Una nueva medida que sumada a las reducciones presupuestarias anteriores (se calcula que de un 70% desde 2009) y al aumento del IVA, hace preveer un futuro muy negro para un sector que supone el 4% del PIB y que mantiene hasta 600.000 puestos de trabajo. Una “industria” que no sólo es necesaria para la buena salud económica de un país en el que el turismo es una de ls principales formas de subsistencia sino que, además, debería ser reconocida, valorada y preservada como un modo de enriquecimiento de la población, del patrimonio y del aprendizaje y del bagaje de una nación a la que se está dejando, con estas medidas, sin uno de los pocos recursos de los que dispone para salir a flote.

Si los grandes centros como el Reina Sofía, el Liceo o el Prado difícilmente van a poder mantenerse con esta nueva tanda de recortes, qué cabe esperar del futuro de otras entidades más modestas a las que prácticamente estas medidas les llevarán a una agonía que probablemente, y como ya ha ocurrido con muchos centros, les conduzca al cierre y a la desaparición.

Una situación dramática para una etapa negra que sólo parece agravarse con el tiempo y que nunca llega a su fin.

Imagen: Francisco de Goya. El sueño de la razón produce monstruos, detalle, 1799.