OPINIÓN

  • Noticias que nunca leerás en un diario ni verás en TV

Resulta evidente que hoy en día con las nuevas tecnologías las noticias fluyen por todo el mundo con mayor rapidez. Sin embargo ya parece viejo aquello que aprendimos con el inicio de la red: tener más información no significa estar mejor informado. Hay muchísima información, pero falta una parte de esa información, una parte considerable, nunca la vas a leer en los diarios generales ni mucho menos las vas a ver en los informativos de las televisiones. Vivimos en una especie de ambiente proclive a la educación general básica que se imparte en la enseñanza escolar: para todos pero esencial, justo lo básico. No se puede mejorar, se enseña y se informa para todos, lo general, pero nada que pueda hacer subir el conocimiento específico del receptor. Información política, deportes, sucesos y entretenimiento; en la sección cultural cabe la televisión, sobre todo las series (el nuevo fenómeno cultural desde hace algunos años), la música, por lo general pop y rock, el cine y el teatro, con algo de literatura. Naturalmente la opinión abunda. No voy a entrar en la orientación política pero sí voy a decir una vez más que todo es política y que toda la información es una forma de influir en la opinión pública. Que todo lo que no se dice es tan importante como lo que se dice. Sabemos hace tiempo de la importancia del silencio en la música y en la literatura, del vacío en el arte, otra forma de silencio. El blanco también es un color. Esta abundancia de información es un tsunami que te impide pensar, no ayuda a crear una opinión propia. Es más que tendenciosa manipuladora.

La prueba la tenemos en los cambios de tendencias y de aficiones. Deportes que antes nadie seguía, ahora ocupan horas en la televisión y páginas y portadas en la prensa escrita, como consecuencia los aficionados han crecido. Personajes vulgares son líderes de opinión, los bloggers y youtubers suplantan a los columnistas e intelectuales de ayer. Sigue siendo opinión, pero ¿sobre qué? Con el pensamiento débil, término acuñado por Gianni Vattimo, nos hemos autoconvencido de que un desfile de moda puede ser tan importante culturalmente como un tratado filosófico y que entre los Rolling Stone y Kierkegaard daba lo mismo, total qué mas da.

Con esta abundancia de conocimientos innecesarios pero globales podemos saber que en una autopista mexicana han asesinado a un bebé y violado a la madre y a la hermana, mientras tomamos café; cuántos muertos nuevos ha habido en un pueblo ignorado de Siria; la pole para la carrera próxima de moto GP; las series de televisión que no nos podemos perder esta primavera; pero no vamos a saber nada de lo que sucede culturalmente en el mundo actual. Nada más allá de las inauguraciones de los grandes museos, de los libros de las más importantes editoriales, de las películas de estreno, de los macro festivales musicales. Y por ahí de repente se cuela algún raro, algún recomendado, y por supuesto algún montaje. ¿Les suena Lita Cabellut? En un territorio de suma ignorancia pero alta información es muy fácil el engaño y la manipulación. Hoy en día los habitantes de una ciudad europea con una cultura media alta, internet en el celular y en el coche, en casa y en el trabajo, hiperconectados, y altamente informados no sabrán decirle el nombre de tres artistas actuales, no sabrán responder a preguntas tan sencillas como los nombres de los ministros de su país, quién representó a su país en la Bienal de Venecia, por ejemplo, a un par de semanas de su inauguración. Se sabrán en cambio las alineaciones enteras de varios equipos de futbol y los nombres de las estrellas de la telebasura, las actrices y músicos más trendy del momento

Nos enteramos de muchas cosas que en lo inmenso del mundo son simplemente anecdóticas. ¿De cuántas cosas no me entero? Nos enseñaron en la Universidad y después nos lo repitieron los grandes periodistas que conocimos, que la prensa tiene el objetivo de informar y de formar, y los medios audiovisuales además deben entretener. Pero al final parece que su único objetivo es entretenernos: asombrarnos de la maldad del hombre, una maldad que vemos como en una pantalla, lejana y abstracta; de la estupidez universal, ver fotos de gente que no sabemos si saben hablar y que desde luego no tienen nada que decirnos. Pero ¿qué pasa con tantas cosas de las que no se informa hasta que se convierten en delito, en escándalo, en desastre? ¿Dónde está la gente que tiene algo que decirnos? Y con un ritmo más tranquilo, ¿dónde está todo lo que sucede en el arte actual al margen de la inauguración del gran museo, de la feria glamurosa, del artista de moda? Ni una línea ha ocupado en la prensa ni un minuto en televisión, la muerte de Vito Acconci, ni la de tantos otros. No voy a hablar de manipulación pero sí del silencio, de una base de ignorancia y desconocimiento que impregna toda la sociedad desde la información de la que nos alimentamos cada mañana. La información cultural (sección en la que entra desde los toros a la cocina) será puntual, y nada más. Se seguirá hablando de la muerte de un guitarrista de un grupo rock de los 60, del libro de fotos que hace una amiga de algún redactor, totalmente desconocida, posiblemente artista ocasional, de un grafitero que gane por segunda vez el récord Guinnes por un mural gigante. La ignorancia camina junto al desprecio, y eso es lo que encontramos en los medios de información cuando pensamos en cultura y muy especialmente en arte actual. Pero todo eso no es en vano, esa ignorancia y ese desprecio hace que el arte actual prácticamente no exista en la sociedad, algo que con la muerte lenta de los medios especializados en todo el mundo (anuncian su cierre dos revistas simbólicas como Parkett y Lápiz) agranda un abismo cultural cada vez más difícil de llenar. A cambio, sabremos en directo los escándalos de las famosas, la actividad de los viejos y nuevos grupos musicales pop, la lista de macro festivales del verano y todo lo que pueda no interesarnos. Lo sabremos todo de nada. Seremos cada día más tontos, más ignorantes y estaremos más informados. En fin, como dijo Leonard Cohen, “First we’ll take Manhattan, then we’ll take Berlin”.