José Manuel Navia es uno de los grandes fotógrafos que el documentalismo bien entendido ha dado en nuestro país. Un fotógrafo que primero mira, siente y posiblemente lee. Y después dispara. Un viajero sobre todo. Y cuando una persona con curiosidad, buena mirada, profunda cultura y que, además, es fotógrafo, se corre el peligro de que luego lo cuente. José Manuel Navia lo cuenta sobre todo con imágenes, en una especie de “literatura comparada” en la que nos hace desfilar por delante de lugares parecidos pero lejanos, por un tiempo que parece lineal pero que es simbólico, por una cultura que pareciéndonos ajena es la nuestra. Un libro de artista, un libro de viajes, pero que no solamente contiene bellas imágenes sino mucho más, porque en sus páginas encontramos el aliento del hombre, el espíritu de los lugares, la magia del tiempo. Una edición cuidada amorosamente pero sin prepotencia de una nueva editorial catalana que anuncia futuras nuevas joyas para la biblioteca de los buenos aficionaos a lo que sea, a la imagen, al viaje, al libro…
(Ediciones anómalas, Barcelona, 2013.)