OPINIÓN

Hemos hablado y escrito mucho sobre los museos. Por una parte se escribe hasta el aburrimiento algo que es conversación habitual: ¿hacen falta tantos museos? El paso siguiente ha sido desmenuzar las ruinas de tantos proyectos fallidos, de tantos millones gastados en estructuras, en contenedores que han resultado ser como vainas sin semillas. Y lo siguiente es preguntarse por el interés, por la importancia, por la necesidad de los museos en general. Hemos pasado de la sorpresa al escándalo sin hacer un alto en la felicidad, la curiosidad o el uso.


La respuesta a la pregunta anterior es, sin duda alguna: Sí. Sí, hacen falta los museos. Los museos no sólo son necesarios sino imprescindibles. Y seguiríamos afirmando sin duda alguna: sí, hacen falta las galerías de arte; sí, hacen falta las ferias de arte; sí, hacen falta las revistas de arte; sí, hacen falta los artistas, y finalmente, y dicho con contundencia: SÍ, hace falta el arte. Tal vez no habría que añadirlo, pero para que no parezca muy brusco, diremos que no todos los museos son iguales. No es igual el museo del vino que un museo de arte y naturaleza. Lo que deberían hacer los empresarios del vino es patrocinar los museos de arte y naturaleza y así existirían los museos necesarios y las marcas de vino tendrían repercusión mediática. No es lo mismo el museo de Carmen Miranda (en Sao Paulo) que la Pinacoteca do Brasil (también en Sao Paulo); el primero es pequeño, discreto (excepto por el contenido, claro está) y el segundo es enorme, con fondos mayores y mayores almacenes, con mucho más personal y más coste. Uno es anecdótico en lo que se refiere al contenido, el otro es necesario por lo que tiene de contenedor y generador de conocimiento, cultura e historia. El problema es que en España planteamos todo al revés y seguro que aquí un Museo de Lola Flores sería diez veces más caro que cualquier museo de arte actual.


Decía que no todos los museos son iguales y que ahora, en la caída como diría el tango, todo son quejas y críticas, pero no a los museos “malos” sino a todos. Pongamos otro ejemplo que, tal vez y dado el gran conocimiento de la economía que ahora al parecer todos tenemos, puede ser más directo. Parece ser que en la sociedad actual la banca es necesaria (todos tenemos todo domiciliado y el dinero real ya ni se ve gracias a la banca) pero parece evidente que hay “bancos malos”… ¿Es mala toda la banca? Aparecen bancos éticos, como diciendo que otros no lo son… En fin, no me parece justo que se denigre la idea de museo cuando se rescata a una banca evidentemente delincuente en todos los aspectos y que no ha cumplido con su finalidad casi en ningún punto. Si hay aeropuertos sin vuelos, que han costado un riñón, nadie afirma que los aeropuertos como entidad sean malos en sí mismos. ¿Por qué se estigmatizan los museos? ¿Son más caros los museos que los cientos de instituciones en el exterior que mantienen sueldos millonarios para funcionarios ineptos y vagos? Y este es otro ejemplo: al parecer los funcionarios son necesarios, aunque todos sabemos que hay muchos totalmente innecesarios y superfluos, en todos los niveles administrativos; sin embargo, aunque todos hablemos pestes de los funcionarios, sabemos que hay muchos que hacen su trabajo, e incluso el de los demás que no lo hacen. ¿No será mejor poner orden en los museos, en los aeropuertos, en los bancos y en los funcionarios antes de cerrarlos todos, despedirlos a todos, quemar a alguno?


Por qué los museos no tienen quién los defienda es algo que no deja de sorprenderme, es como si no se quisieran sentir aludidos. Cuánto mejor sería que ellos mismos se organizasen y se viese claramente cuál funciona, cuál tiene más sentido, qué objetivos tienen y si se cumplen, o aún mejor, si esos son los objetivos adecuados para donde están situados. Porque no todos los museos son iguales, lo mismo que Madrid no es lo mismo que León, ni Huesca que Palma de Mallorca, ni Salamanca que Bilbao.


Imagen: Retrato de Carmen Miranda