Fallece en París el 6 de octubre el escultor alemán de origen polaco Igor Mitoraj (Oederan, 1944). Con él se va posiblemente el último coloso de la escultura. El último realista, el escultor de gran formato que prefería crear esculturas de bronce o de mármol, ya comidas por el tiempo, adelantándose al proceso natural de las cosas. Admirador de la escultura clásica, discípulo de Tadeusz Kantorn en la Escuela de Bellas Artes de Cracovia. Mitoraj creaba esculturas “rotas”, ruinas del presente como homenaje a las obras de la Antigüedad y como una crítica romántica a la desidia en la que se perpetúa un arte que lamentablemente se va perdiendo poco a poco. Sus grandes formatos de desnudos o cabezas se han visto a lo largo de las últimas décadas por todo el mundo. Se instaló en 1983 en París, ciudad en la que vivía a caballo con Pietrasanta, en la Toscana italiana. Su cadáver se ha incinerado en París y sus cenizas descansarán en Italia, siguiendo así fielmente su trayectoria de vida. Su memoria seguirá el camino de las esculturas clásicas, admirada de vez en cuando y cada vez más olvidada. Su muerte apenas ha ocupado unas líneas en algún periódico. ¿Y los medios especializados…? ya no estaba de moda. Y es que ni todos los vivos ni todos los muertos somos iguales.


Imagen: Igor Mitoraj, Heros de Lumiere, 1986.