OPINIÓN

Poco a poco estamos empezando a ver lo que nos está esperando a la vuelta de la esquina. Como una mala pesadilla que cuando despertamos sigue activa, que no se va aunque nos lavemos la cara y nos frotemos los ojos. La palabra “crisis”, junto con otras palabras tipo déficit, austeridad, rebaja de presupuestos, entre otras similares, está abriendo la caja de los desastres. Porque, digámoslo antes de seguir, no todo es por dinero. Cuando el problema es de dinero todos sabemos cómo se puede ahorrar: unos se saltan alguna comida, otros buscan una vivienda más barata, algunos dejan de salir al cine o a tomar una caña… Se acaba la compra de ropa, se acaban las vacaciones, los sueldos se bajan, no hay pagas extras, se cambia a los niños a un colegio público. Pero nadie deja de comer absolutamente, y a la calle a dormir sólo cuando nos desahucian, y eso si no tenemos ni familia ni amigos. Y los niños, de una manera o de otra, tienen que aprender a leer y escribir.


En materia cultural parece que los recortes sólo se pueden hacer descabezando proyectos, destruyendo el trabajo de años, aniquilando todo el progreso realizado con el esfuerzo de casi todos. Pero no es por dinero. Se ha despedido a la directora y fundadora del Centro de Arte y Naturaleza, CDAN, de Huesca. Y no se trata de que una persona haya cumplido una etapa y se considere necesario un relevo. Todos podemos entender que los directores, los equipos, deben ser renovados, que nadie puede estar toda la vida en el mismo puesto… Aunque el proyecto se lo haya inventado él o ella. Se cierra una etapa, y para abrir otra hace falta un recambio de personal. Pero no, se destituye a la persona que se ha inventado prácticamente el CDAN por “falta de confianza”, según el comunicado que han hecho los políticos que han ocupado el Patronato. Y no han podido esperar porque la directora saliente, Teresa Luesma, no les resultaba cómoda. Sin embargo, y pese a alabar su trabajo, se deshacen de los equipos educativos, de documentación, y todo lo hecho se deshace en un par de semanas… Y se acabó el CDAN. Al frente del centro se coloca a una persona que ya ha cerrado el Centro Dramático de Aragón. Naturalmente, sin concurso público, porque para cerrar vale casi cualquiera. Se trata de un especialista en cerrar proyectos culturales. Y evidentemente, no es por dinero. Por dinero se busca una fórmula de ahorrar pero sin desperdiciar el esfuerzo hecho, sin cerrar las facetas educativas, se buscan fondos en el sector privado. Pero no es por dinero, es por intereses políticos, ideológicos y personales. Ya ha pasado en Palma de Mallorca, en Es Baluard: expulsan de las mismas malas formas, soterradas, ocultas, detrás de unas palabras de agradecimiento.


No interesa la cultura, no interesa el arte, no interesa que los ciudadanos opinen ni se manifiesten. Es como si quisieran que todos fuéramos parte de “The Walking Dead”, una serie de zombies que no por casualidad está triunfando en todo el mundo: muertos vivientes que ni hablan, sólo caminan hacia ninguna parte.


Ha habido otros nombramientos recientes: Natalio Grueso, ex director del Centro Niemeyer de Avilés, como director de teatros y museos en el Ayuntamiento de Madrid, un puesto para el que parece que sí que hay dinero, pero para el que nunca ha habido interés ni ideas. Y ese es el problema, que lo que hay son malas ideas, esa especie de interés por el tono gris y la caspa que parece vuelve a florecer en todo el Estado. Esperemos que llueva pronto, que llueva más, y que el agua se lleve toda esta suciedad ambiental.

Imagen: Vik Muniz. Detalle Scissor (The Sarzedo Series), 2002.
Cortesía del artista y Galleria Cardi, Lucca-Milán