OPINIÓN

Tirar a una cabra desde lo alto de un campanario en la plaza mayor de un pueblo no es cultura. Quiero que esto quede claro para poder seguir leyendo (y en mi caso, escribiendo), porque aunque la discusión sobre lo que es alta y baja cultura, cultura popular y elitista o, simplemente, la duda entre cultura e incultura, parece haberse arraigado en las sociedades occidentales para justificar lo que haga falta, creo, estoy segura de que hay actividades sobre las que no cabe ninguna duda, y la de tirar a una cabra viva desde lo alto de un campanario como epicentro de las fiestas populares de un pueblo no tiene nada que ver con ningún tipo de cultura. Siguiendo en esta línea, coger a unos animales que viven alejados de las ciudades y de sus ruidos, ponerles en los cuernos unas bolas de fuego y correrlos por las calles de los pueblos mientras se les grita, se les asusta, golpea y maltrata, sinceramente, les veo muy poco de cultura y mucho de maltrato animal y de bestialismo.

Claro que algunos, incluso muchos, pueden decir que estas costumbres forman parte del “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.“, que es la tercera acepción de “cultura” que tiene el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Esta definición me preocupa especialmente, porque si despeñar cabras, maltratar toros, cortarles los testículos, el rabo y las orejas mientras aún están vivos, después de torturarles, marearles y sacarles de su entorno habitual, para regocijo de unos y negocio de otros, es una muestra del nivel de desarrollo científico, industrial y artístico de una sociedad… El resultado es patético y denigrante.

En civilizaciones antiguas, las fiestas de los pueblos incluían sacrificios humanos, con vírgenes, niños y, a veces, con una estirpe preparada desde el nacimiento para ello. Se les arrancaba el corazón en vida, se les desangraba sobre un altar, para que los dioses ayudaran en las cosechas, les protegieran de la guerra y cualquier otra necesidad de ese momento histórico y cultural, y ese era el nivel de desarrollo artístico, científico, industrial, de su época, y de su grupo social, pero hoy en día esas sociedades tienen un grado científico, industrial artístico mucho más evolucionado y participan en las Olimpiadas, en reuniones del G-8, en la Bienal de Venecia, etc. Y no le arrancan el corazón a sus vírgenes, ni torturan sádicamente a sus animales. Por lo general, porque siempre es cierto que una sociedad no es solamente la suma de todos sus individuos y sus vicios, manías y deficiencias, sino algo más, algo que nos debe definir y englobar a todos los que pertenecemos a una sociedad y no enfrentarnos.

Es cierto que saber lo que hoy en día es la cultura no puede afirmarse de una forma categórica, sino buscando unos límites amplios, porque las sociedades y los pueblos evolucionan, aunque las costumbres antiguas, incluso arcaicas se mantengan vigentes en contra de la opinión de extensas capas sociales. Muchos opinarán que un festival de música como Rock in Rio, Sónar, o Burning Man, e incluso el Día del Orgullo Gay, con sus mil y una parade pertenecen a la cultura de nuestros días inequívocamente, otros dirán que su relación con la cultura es puramente tangencial. Yo no les voy a solucionar su duda pero, desde luego, mientras no maten, torturen ni tiren a nadie desde la torre de sonido, a mí me parecen aceptables.

La duda sigue sin solucionarse y no les voy a recomendar que busquen en la prensa una solución, porque si bien antes en las secciones de cultura se atendía a la información de cine, arte, literatura, teatro, y similares, ahora se han convertido en un cajón de sastre en el que cabe desde todo esto hasta la vida privada de las celebrities, por supuesto los toros, las tendencias veraniegas en trikinis, monobikinis o bikinis, la conveniencia de echar ajo o no al gazpacho y lindezas sobre las dietas de alcachofas, etc.  La duda sigue sin aclararse, aunque yo les aconseje que al gazpacho ni ajo ni cominos.

Dicho todo esto, y sin ser en absoluto seguidora de las teorías de Alain Finkielkraut sobre la derrota del pensamiento, sí que creo que deberíamos centrarnos en lo que sí sabemos, dejando que la duda se disuelva ella sola en las corrientes del paso del tiempo y los cambios sociales; y, mientras tanto, quedarnos con los museos, con la literatura, el cine, el teatro, unos clásicos eternos. Y ante esas otras dudas de si este pintor es realmente un artista, o de si mi hijo lo haría mejor… Hay tanto arte donde elegir, tanta literatura para seleccionar, tanto cine para las noches de verano, que malo será que guiándote por tus propios gustos no llegues a un feliz encuentro con una cultura de verdad. Mientras tanto dejemos a los animales lejos de nuestro sadismo, brutalidad y ceguera.