OPINIÓN

Cuando decimos que no tenemos dinero hay que saber qué es exactamente de lo que estamos hablando. No es lo mismo que un matrimonio de parados de larga duración, con cuatro hijos a su cargo y la hipoteca sin pagar digan que no tienen dinero, que cuando en Telefónica (por poner un ejemplo) dicen que hay que economizar y, mientras reparten beneficios, reajustan plantillas con miles de despedidos. No es lo mismo no tener para comer que no poder mantener tres casas, dos amantes y un yate. A veces puede resultar ofensivo hablar de lo mal que se está… con 49,6 millones de euros de presupuesto al año cuando el que lo lee o lo escucha no tiene ni 500.000 euros con que intentar pasar un año más de crisis (naturalmente estoy hablando de museos de primera fila). Ya hemos hablado otras veces que, además, no siempre el que tiene más dinero es el que mejor lo gasta, o el que mejor resultados tiene finalmente. El problema es cómo cuantificar o valorar esos resultados, ya que tanto las cifras de visitantes (los que entran en las webs, van al cine, actividades fuera del museo….) como la relativa importancia de cada evento (suelen juzgar los que las organizan) son o pueden ser muy relativos y por supuesto muy discutibles.


Pero cuando hablamos de “apretarnos el cinturón”, de calcular y ahorrar, sería muy importante saber qué precio tienen las cosas para esos ahorradores. Cuanto pagan por cada cosa, que actividades existen, además de las que se ven hay otras que no se ven tan claramente. Hace unos años nos sorprendía ver en las cuentas del antiguo Reina Sofía los millones de pesetas que se iban en “gastos de material de oficina”, hoy seguramente ese capítulo ya se ha subsanado, pero cuando las cuentas son claras las dudas se disipan, y hoy hay mucha gente que tiene muchas dudas. Ya se sabe “cuando no hay harina todo es mohína”. Y por supuesto no solamente en el Reina Sofía habría que saber, en tiempo de crisis, que sueldos son los que estamos pagando los contribuyentes no solamente a directores, sino a conservadores, gerentes, personal vario de esas instituciones que hablan de apretarse el cinturón. Muchas veces son sueldos astronómicos e injustificados si hablamos de los resultados obvios, no de valoraciones relativas. Pero es increíble lo difícil que es que se sepan datos tan simples como las nóminas del personal, los empleados temporales, que hacen y si realmente lo hacen. Y si lo hacen bien tampoco estaría de más saberlo, aunque en muchas ocasiones por los resultados ya se puede hacer uno una idea.


“Hay que apretarse el cinturón y por lo tanto vamos a coproducir, itinerar y bajar los gastos”. Ese es otro punto de referencia al que se acude sistemáticamente, siempre, eso sí, sin bajar la calidad. A veces bajar esa calidad es realmente difícil. Y lo de itinerar y coproducir…. en un país en el que todo el mundo (aquí hay que leer todos los museos y centros de arte) quiere ser el primero en inaugurar, el que decide cómo se hacen las cosas, es más que difícil. Es más fácil traer muestras de artistas desde Suecia, Alemania o el Polo Norte que traer algo de la autonomía del otro extremo del país. Claro que llevar a algún españolito hasta Suecia, Alemania o el Polo Norte, eso es otro cantar.


Sabemos que no es lo mismo un gran centro que un museíto pequeño, pero también sabemos que con lo que uno gasta en cosas prescindibles otros viven saneadamente. Volviendo al principio: con lo que las sociedades desarrolladas desperdician podrían sobrevivir pueblos enteros. Es penoso oír a Occidente hablar de crisis cuando se escucha ese lamento con oídos africanos. Pues algo parecido está sucediendo en el mundo del arte y de la cultura en España.




Imagen: Tracey Emin. I´ve Got It All, 2000. Cortesía de la artista