OPINIÓN

Tengo que reconocer que cada vez que algún premiado rechaza el premio, me entra una especie de alegría salvaje y pienso: “sí señor, así se hace, que se lo coman”. Claro que si me lo dieran a mí igual lo aceptaba. El ego te hace esas malas pasadas. Ahora parece que en España vivimos una epidemia que afecta a los premiados de los Premios Nacionales de Cultura, en sus ramas de fotografía y música, pero que no han sido los únicos. Jordi Savall, Premio Nacional de Música, no ha aceptado el galardón ni su dotación económica; en su carta de renuncia dice, entre otras cosas, “¿cómo podía aceptarlo viniendo de la mano de una institución que desde tiempos inmemoriales ha dado la espalda a los músicos y especialmente al patrimonio musical histórico del país?”. Es una carta larga y brillante, en la que afirma estar convencido de que “el arte es útil a la sociedad” y en la que termina diciendo que “creo como Dostoyevski, que la belleza salvará al mundo, pero para eso es necesario vivir con dignidad y tener acceso a la educación y a la cultura”. Se refiere Savall a los recortes que están dañando muy gravemente tanto a la educación como a la cultura. Para él sería no sólo una hipocresía sino una traición aceptar un premio y el dinero que conlleva, en un país que le niega el pan y la sal todos los días a cientos de músicos y artistas y a una sociedad a la que se le está tapando los ojos, los oídos y la boca. No podríamos estar más de acuerdo. Por su parte, Isabel Steva Hernández “Colita”, la ganadora del Premio Nacional de Fotografía, en otra carta en la que agradece el reconocimiento al jurado, se niega a aceptarlo porque dice no conocer ese ministerio de cultura, educación y deporte que le da el premio, ni dónde reside, y culmina con “no quiero estar en la foto con usted, señor Wert”. Otros antes, por similares razones se han negado a aceptarlo, pero nunca dos en el mismo año. Un año que está siendo macabro en todos los aspectos humanos y sociales en España. Rápidamente ha habido quienes contestan diciendo que es la institución y no los partidos o los ministros quienes dan los premios, que hay jurados muy cualificados detrás…Bien, a eso es fácil contestar: las instituciones están representadas por las personas que ejercen los cargos, y cómo lo ejerzan define a esas instituciones. En cuanto a los jurados, ya he escrito antes al respecto, yo misma he sido jurado varias veces en estos premios nacionales y doy fe de que a veces los jurados no saben nada de la materia, que a veces son jurados manipulados desde algún miembro del ministerio, que las votaciones se han arreglado en reuniones previas o simplemente calculado por la propia composición del jurado. Todos agradecen el premio pero argumentan que su conciencia no puede aceptarlo, sin duda prefieren dejar al descubierto las vergüenzas de un Estado miserable con la cultura y la belleza.

El problema es por qué los otros aceptan. Naturalmente es un reconocimiento que todos agradecen y valoran. Y que va acompañado de un cantidad nada despreciable de dinero. Pero la realidad es que la gran mayoría lo acepta sin cuestionar de dónde viene ni por qué recae en él o ella ese año y no el anterior u otro cualquiera. Están en su derecho, pues es el reconocimiento a un trabajo y a una vida dedicadas a la cultura. No hay por qué mirar para atrás a ver que otros lo han recibido ni a recordar si en aquel momento nos pareció justo. Pero la renuncia de unos cuestiona la actitud de otros, curiosamente no son los que renuncian los que son cuestionados por nadie. Sin duda la situación actual, no sólo en España, cuestiona el verdadero interés de las instituciones, de los políticos, en la cultura. Todos los días vemos corrupción, violencia, desprecio por la humanidad, por los mismos ciudadanos que les han puesto al frente del Estado. Vemos tanta fealdad en todos ellos que no podemos creer que una vez al año se dediquen a dar dinero y galardones a unos pocos, suena falso, huele a podrido, como todo lo que hacen. Y es una pena porque los ganadores que lo aceptan son tan buenos como los que los rehúsan, sus intenciones y pensamientos son los mismos o muy parecidos, todos creen que la belleza salvará al mundo, todos creen que la cultura y el arte son útiles a la sociedad. Solo que unos saben decir no, gracias. Y otros prefieren callar. Porque aceptando el premio en silencio, se están diciendo demasiadas cosas. ¿No podrían aceptarlo y escribir una carta defendiendo la cultura y el arte? Si ellos callan, nos silencian a todos.


Imagen: Barbara Kruger. Your comfort is my silence, 1981.