OPINIÓN

Era algo inevitable, y es que desde que el gobierno chino tuvo el mal gusto de detener y aislar a Ai Weiwei raro es el día en que no haya una noticia acerca de él, una exposición, una foto, una declaración, lo que sea, pero el inefable Ai (o tal vez sea Wei) está todo el tiempo apareciendo en las noticias. Lo último, de momento ha sido su elección (no sé cómo decirlo, designación, adjudicación, nombramiento…) por la revista norteamericana ArtReview como la persona con más poder en el mundo del arte, la número uno de su lista de los 100 más poderos del mundo del arte. Y quiero decir en todo el mundo, desde Islandia hasta Nepal, Nueva York, París o Berlín, Tombuctú. Naturalmente el Gobierno chino, lamentando su parte de culpa en esta ¿designación? ha negado rotundamente esa afirmación. Y ha dicho que de ninguna manera Ai Weiwei puede considerarse el hombre más influyente del mundo en el sector artístico.


Sinceramente no sé en que se basa el gobierno chino, pues no creo que tengan ni idea de lo que es el arte, la cultura o la influencia en el mundo del arte. Pero la verdad es que también empiezo a dudar que la revista neoyorquina ArtReview sepa de lo que está realmente hablando. Ellos dicen que no se trata “simplemente de decir quién es el número uno, o de un quién es quién en el arte contenmporáneo, y ciertamente no es una guía sobre los artistas favoritos o la gente a la que nos gustaría llamar amigos o ser amigos de ellos. Es, sobre todo una guía sobre las tendencia generales, las redes y fuerzas que lideran el mundo del arte”.


La realidad es que resulta todo un poco absurdo, y sólo hay que leer los comentarios que se hacen en la web para darse cuenta de lo cerca que está esta lista de los 100 más poderosos de parecerse a la agenda de una fashion victim del arte. El hecho de que un artista comprometido esté en el número 1 da que pensar, porque qué influencia realmente tiene en el mundo del arte francés, italiano, portugués o australiano un artista como Ai Weiwei. Incluso qué importancia tiene Alfred Pacquement (actual director del Pompidou, elegido por decisión política y no por ningún concurso) en Estados Unidos. Y no hablemos de la influencia o el poder que puede llegar a tener Marc Glimerch (número 15) o Cindy Sherman (número 7). Y otros muchos cuyos nombres hay que buscarlos en Internet para saber si compran o venden, porque finalmente y a pesar de la presencia de artistas (por cierto Demian Hirst, ayer superpoderoso hoy baja hasta el puesto 64, por encima de Slavoj Zizek y de Jeff Koons). Da igual si eres filósofo, teórico, artista, coleccionista o galerista… lo importante es que te muevas en el entorno donde hay realmente poder: Estados Unidos e Inglaterra, Nueva York y Londres y sus sucursales de ventas suizas.


Otro que baja es Mr. Larry Gagosian, al cuarto puesto, pero que seguro que no es por colgar malas copias de Bob Dylan en sus lujosas y poderosas salas.

Después de ver cómo en todo el mundo la población (ese 99% que somos todos) protesta para exigir que se respete su dignidad, creo que en el arte deberíamos empezar también a indignarnos, no sólo por la estupidez de estas listas de poderosos (por cierto la única poderosa española o casi es Helga de Alvear, en la posición 74) sino por este abuso de poder del dinero de un 1% sobre el resto de ese 100% en el que estamos todos los que no somos Yankees, ni coleccionistas, pero que en Estados Unidos, Inglaterra, Nueva Zelanda o incluso España, trabajamos y construimos la cultura entre todos. Todos los que, al parecer no somos poderosos, no somos nadie porque no figuramos en la agenda de Paris Hilton quien, por cierto no está en la lista y parece que cae en picado en todas las otras listas de las que ayer fuera la número 1. Vanitas vanitatis et omnia vanitas.