María Peña Lombao

La Ballena Negra quiere conmemorar los diez años de vida del MARCO con un memorándum sobre el desastre del Prestige en el año 2002. Acostumbrados a poetizar las tragedias utilizando los museos como estrategia, las referencias al fuel se extienden a lo largo de las salas: bidones vacíos, aceite quemado, pájaros muertos, pozos petrolíferos incendiados, etc.

La exposición colectiva reúne artistas autóctonos y foráneos: Allan Sekula, Robert Smithson, Werner Herzog, Xosé Manuel Sendón o la vida, obra y milagros de Manfred Gnädinger, conocido como “El Alemán”. Este hombre vivía en una cabaña de conchas situada en las rocas detrás del dique de Camelle, en la “Costa da morte”. Se dice que antes de morir -y poco después del accidente del buque- soñó con una ballena negra que vendría a buscarle.

Nos encontramos con el museo envuelto en ficciones derivadas del combustible como generador de problemas medioambientales y obras de arte, en igual medida. El petróleo funciona como una disculpa para observar con detenimiento el desarrollo de una energía en manos del hombre. Como el dinero, este recurso energético tiene una cara blanca y una negra. La blanca: el combustible que nos permite desplazarnos en coche. La negra: el incendio y la explosión, la marea negra.

La Ballena Negra. MARCO de Vigo. Comisario Pedro de Llano. Hasta el 31 de marzo.

Imagen: Vista de una obra de Mark Dion.