No, no se trata de una de esas sucursales de instituciones museísticas que abren sedes en ciudades de lo más diverso; se trata de la presentación en el recién clausurado Festival de Cine Europeo de Sevilla del último documental realizado hasta la fecha por una de las leyendas vivas del género, Frederick Wiseman. Wiseman fue galardonado en la última edición del Festival de Venecia con el León de Oro por toda su trayectoria, un premio que no sólo reconocía la importancia de su trabajo sino la de los documentalistas en general, calificados a veces como si fueran ciudadanos de segunda clase en comparación con los directores de ficción. El documental, género cinematográfico que tiene como principal objetivo analizar e investigar un tema o aspecto ya sea de la cultura, la naturaleza, la ciencia o la sociedad y en el que Wiseman se ha convertido en uno de los documentalistas más prolíficos y respetados dentro de él. Decía Ridley Scott, “soy un cineasta, no un documentalista, trato de esconder la verdad”, Wiseman estaría en las antípodas de esta aseveración. Toma el objeto de estudio, la vida real recogida objetivamente, y contando después con la interpretación subjetiva que el espectador pueda hacer; Wiseman no cree que pueda cambiar el mundo con sus obras, simplemente se limita a dar testimonio de lo que ve, sin un punto de vista determinado, no manipula, ni explota lo que nos narra, se limita a filmar una realidad, sin comentarla ni criticarla. Generalmente por proyecto logra 250 horas de filmación que luego condensa en tan sólo 3; y particularmente parece como si todo el mundo se olvidara de la cámara, lo que disminuye la sensación de intrusismo (aunque sea consentida), siendo ésta cualidad una de las características de su obra. Una obra que empezó hace 50 años y cuenta ya con 43 películas, donde ha filmado desde cárceles, hospitales, oficinas de desempleo, comisarías, grandes almacenes, escuela de danza, el teatro y ahora el mundo del arte, desde uno de los baluartes de la historia de la pintura, la National Gallery de Londres. Pero lejos de ser un recorrido turístico sin más por sus galerías o entresijos, hay cabida para la planificación de las exposiciones, los programas de educación, comisarios, restauradores, gerentes administrativos…; donde posiblemente las obras de Tiziano, Rembrandt o Turner no las veremos de igual manera (ni veremos jamás), pues la obra que Wiseman ha ido construyendo a lo largo de medio siglo de profesión, ha configurado una cronología social a partir del registro de la interacción del ciudadano con sus instituciones que va más allá de la simple visión de un conjunto sin más de instituciones públicas, creando un monumental mosaico, un enorme fresco de la civilización occidental.

Imagen: Fotograma de National Gallery, 2014, Frederick Wiseman.