OPINIÓN

Curiosamente en momentos como estos que vivimos, con una crisis que no parece tener fin, todo el mundo habla de recortes, de austeridad de presupuestos a la baja… y tanto galeristas como coleccionistas, y desde luego las instituciones más que nadie, se quejan continuamente de lo difícil que les está resultando abrir cada día, curiosamente digo, nadie parece estar interesado en cómo vamos a sobrevivir las publicaciones de arte.


Imprescindibles para unos, anecdóticas para otros, para unos comparsas y para otros árbitros de la escena, la realidad es que si todos están siempre esperanzados con que les dediquemos atención, la que ellos nos dedican a nosotros es prácticamente nula.


Es como si nuestro papel estuviera limitado a hacer de altavoces de sus éxitos e ideas, de sus actuaciones y triunfos. Naturalmente más nos vale callar sus errores y fallos. En momentos de crisis la escasa publicidad habitual desaparece, aunque nuestros costes y nuestra dedicación deben seguir siendo los mismos. Claro, tal vez la idea es que vivamos de los lectores, algo cada vez más complicado teniendo en cuenta que estamos creando una sociedad en la que todo, sobre todo la cultura, debe ser accesible gratuitamente. Y lo que cuesta dinero y esfuerzo queda cada vez más limitado para unos pocos. Naturalmente si el contenido de las revistas de arte se “abriera” a un arte menos vanguardista, tal vez los lectores aumentarían, o no. Tal vez si nos dedicásemos más en profundidad a analizar los gastos de los museos, los sueldos de sus directores, las actividades clientelistas, en fin a dedicarnos a todo lo que no se debe contar pues nos han dicho que poco tiene que ver con el arte de verdad, tal vez tendríamos muchos más lectores. O no.


La realidad es que como en la copla, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Y es entonces cuando inevitablemente hay que mirar, una vez más hacia afuera y vemos que nuestros colegas de otros países han notado efectivamente la crisis, pero aún con crisis su situación (publicitaria) es mejor que la mejor de las situaciones dentro de nuestro país en los mejores momentos en los que la crisis no aparecía ni en las peores pesadillas ¿Qué pasa? Hace tiempo una famosa galerista neoyorquina me daba una explicación que parece hoy seguir siendo válida. Un país que no tiene publicidad en sus revistas especializadas no existe para el mercado. De hecho ella nunca había conseguido vender nada en ARCO, y dejó de venir. Un sector que no se anuncia en sus revistas, está enfermo. Tiene problemas pero no sólo en sus bolsillos sino en su cabeza.


Si no se cree en la información, en la crítica, en la difusión, en la teoría, entonces difícilmente se va a creer en el arte que se expone. Esas galerías cada vez tendrán una vida más difícil en un sector global. Si las galerías inglesas, francesas, alemanas, americanas… se anuncian en sus revistas, ¿Qué pasa en España?


Siempre se dice que en España no hay crítica, sí que la hay lo que sucede es que quien afirma esa negación no lee las revistas. Y realmente en un país en el que el crítico tiene que vivir de otras cosas pues las revistas no pueden aguantar sus gastos debido a un sector tan débil que no entiende la función de las publicaciones especializadas, difícilmente esta crítica puede crecer y mejorar.


La solución no hay que buscarla fuera, ni siquiera lejos, sino aquí mismo, en un sector en el que nadie se preocupa ni se ocupa de la enseñanza del arte. Menos masters y más revistas para que los críticos puedan escribir y publicar sin depender del salario del miedo de textos de encargo de galerías y museos. Más revistas, con más medios que puedan hacer, publicar, mejorar y desarrollar nuestra crítica. Con ella mejorará, crecerá y se difundirá el arte español. Porque cuando ya estemos todos muertos, las revistas cerradas, los críticos sean camareros o funcionarios, entonces nadie hablará de nosotros ni de nuestro arte.

Imagen: Vista de una instalación con revistas en NY Art Book Fair, 2011.