Habitualmente las galerías de arte contemporáneo tratan de exhibir y de representar a artistas con trabajos que definan las últimas tendencias creativas. Artistas jóvenes, o no tan jóvenes pero sí exitosos, que aseguren cierta visibilidad al espacio que los acoge y con ello beneficios asociados como la presencia en ferias, en medios, ventas en el mercado, etc. Y, sin embargo, en un sector cada vez más saturado y masificado, existen otros modelos de negocio como la Piper Gallery, una nueva galería británica que apuesta sólo por artistas que cuenten con más de cuarenta años de trayectoria y que, a pesar de todo, son prácticamente desconocidos. A pesar de que muchos de ellos tienen obras en grandes museos o colecciones, el gran sistema del arte nunca les ha reconocido y ahora esta galería, representándoles y exhibiéndoles, no sólo les da una nueva oportunidad de toparse con el éxito que nunca buscaron sino que, además, su iniciativa y su modelo de trabajo está sirviendo para reconstruir una parte de la tradición artística británica. De hecho, en este afán de recuperación y con este espíritu, la galería acaba de inaugurar New Possibilities: Abstract Paintings from the Seventies donde se dan cita creadores ajenos al mainstream pero que, igualmente, trabajaron este estilo pictórico.

Un nuevo modelo que no sabemos si perdurará ni si se expandirá pero que, por el momento, parece una buena idea o, al menos, un golpe de aire fresco.