Desde el postimpresionismo hasta la abstracción, pasando por el surrealismo, el fauvismo y el dadaísmo. Francis Picaba huyó toda su vida del encasillamiento, creando muchos Picaba dentro de uno solo, un artista multidisciplinar que renegó de etiquetas. Se formó como artista en École des Beaux-Arts y en la Escuela de Artes Decorativas de París. De padre cubano, el francés vivió las dos grandes guerras del siglo XX. Durante la primera Guerra Mundial se exilió a Nueva York, en donde mostró la vanguardia europea. Allí formo parte del grupo Puteaux, en donde conoció a Duchamp. Posteriormente se mudó a Barcelona, ciudad que presentó su primera gran exposición, en la galería Dalmau con un catálogo de André Bretón. Ya en el año 1917, regresó a París, en donde entablo amistad con Tristan Tzara.

El MoMA de Nueva York presenta la primera retrospectiva del artista en Estados Unidos. Esta exposición recoge 125 pinturas y 45 trabajos en papel, incluyendo poemas y escritos del propio Picabia. La comisaria de la muestra, Anne Umland, destaca las raíces españolas del artista, de familia gallega, y la influencia de las mismas en su obra. Espagnole à la cigarrete, La Révolution espagnole o Nuit espagnole son prueba de ello, obras que muestran la guerra en España. Otra de las facetas que muestra la exposición es la importancia el periodo de entreguerras, el aumento de los nacionalismos y el totalitarismo en Europa, hechos que influyeron a Picabia, mostrando el mundo que le tocó vivir con cierta ironía.

El propio Picabia decía que “Nuestras mentes son curvas, así que nuestros pensamientos pueden cambiar de dirección”, una explicación para entender su huida del encasillamiento, como prueban sus obras. Jeune fille américane; danse, el cuadro dadaísta Tableau Rastradada, o abstractos como Danger de la force, y que se pueden ver en la exposición del MoMA, muestran esa versatilidad del artista.

(Francis Picabia en el MoMA. Hasta el 19 de marzo de 2017)