Su objetivo era sinónimo de belleza. Su medio, la fotografía. Con su muerte se va una mirada poética, una vida dedicada a estilizar nuestro mundo: flores, cuerpos, objetos de toda clase y condición…, todo era digno de ser apresado y capturado de una forma sutil, cuasi pictórica, como si la fotografía necesitase de otro medio, de la experimentación, para alejarse de su carácter de documento y ser algo más; más fotografía, más pintura, o tan solo arte. La obra de Tony Catany (1960-2013) fue objeto de innumerables exposiciones por todo el mundo, de un sinfín de premios y reconocimientos (como el Premio Nacional de Fotografía, concedido por el Ministerio de Cultura, o el Premi Nacional d’Arts Plàstiques de la Generalitat de Catalunya, ambos recibidos en 2001). Se fue sin poder cumplir su sueño: crear una fundación. Ahora, como siempre ocurre, nos quedan sus imágenes.