Maria Lassnig (Austria, 1919) ha fallecido a sus 94 años. Su larguísima
carrera le ha valido el reconocimiento internacional como pionera de la
pintura y enorme influencia en las generaciones más jóvenes, además de la
consideración como una de las artistas contemporáneas más importantes. Su
trabajo ha sido expuesto en muchos de los centros más relevantes del mundo
del arte -aún puede verse su última exposición en el PS1 del
MoMA en Nueva York, que cerrará sus puertas este 25 de mayo.
La
obra de Lassnig ha transitado caminos muy diferentes, que la han llevado
desde la abstracción de sus primeros años hasta la representación
figurativa de los últimos -y también a realizar algunas películas. Pero
quizá su trabajo más conocido sea el que se ha centrado en su propio
cuerpo, analizado incisivamente en múltiples autorretratos preocupados más
por la percepción propia que por la imagen percibida en el exterior. Para
Lassnig el autorretrato era un asunto de “body awareness“, de
conciencia del cuerpo desde el interior, así como de la experiencia de su
contacto con el mundo y las consecuencias que ello tiene, como son los
traumas, las heridas, los sueños y las pesadillas que aparecen reflejadas
en sus pinturas.
Su arte fue considerado degenerado por los nazis, lo
que la llevó a buscar un hueco en ciudades como París o Nueva York. Sólo
en 1980 regresó a Austria para convertirse en la primera mujer profesora
de la Escuela de Artes Aplicadas de Viena, logrando también representar a
su país en la Bienal de Venecia. No le fue fácil encontrar el lugar que se
merecía; si bien últimamente parecía haber adquirido una gran presencia en
el contexto actual, el mundo del arte dudó durante mucho tiempo antes de
acogerla por fin. La galería Hauser & Wirth, representante de Lassnig, lo
tiene claro: “era un gigante”.

Imagen: Maria Lassnig.
Selbsporträt unter Plastik (detalle), 1972.