No lo tuvo fácil. Mujer, musulmana, iraquí de nacimiento y arquitecta. Una carrera llena de obstáculos que Zaha Hadid no sólo superó sino que ha dejado huella en el elistista club de arquitectos. La anglo-iraquí falleció en Miami a los 65 años de edad tras una bronquitis que desembocó en un ataque al corazón. Las injusticias, como el proyecto de la Ópera Cardiff que pasó sin justificación a manos de Norman Foster, no le frenaron consiguiendo ser la primera mujer en conseguir el Premio Pritzker en 2004, la mayor distinción del mundo de la arquitectura.

Zaha Hadid

Zaha Hadid

Nacida en Bagdad en 1950, estudió Matemáticas en Beirut hasta que a principios de los setenta se traslada a Londres y entra en contacto con escuelas de arquitectura de todo el mundo. Miembro del Metropolitan Architecture conoce a Rem Hoolhass y funda en 1987 su propio estudio con un enorme éxito. Después llegó el diseño, -joyas, sillas, mesas, ropa, bolsos…-  otra de sus grandes pasiones. Estudió en Harvard, Columbia y pasó por las universidades de Arte de Hamburgo y Chicago.

Lámpara transparente.

Lámpara transparente.

La filosofía de Hadid tenía una máxima: romper los límites de la Arquitectura. Plasmar en un edificio lo que parecía imposible o al menos sólo visible en el papel. Las formas neoconstructivistas no terminaban de convencer pero al mismo tiempo, proyectos como el Guggenheim de Bilbao sustentaban sus ideas. De entre los muchos proyetos que llevó a cabo destacan el edificio de la empresa Vitra, su primer proyecto, el centro de Arte de Cincinnati en Ohio un ejemplo de volúmenes y perspectivas al límite, el MAXXI de Roma en 2010, la Ópera de Guangzhou, el colegio Evelyn Grace en Brixton (Premio Stirling 2011), el centro cultural Aheydar Aliyev en Azerbayán y un larguísimo etcétera de edificios en ciudades como Londres, Moscú, Estambul, Miami o Taiwán.