Eli Wallach, fue uno de los actores de carácter (mejor la acepción de reparto que la un tanto despectiva acepción de secundario) más destacados y prolíficos de su generación tanto en el cine, en el escenario, como en la televisión durante más de 60 años, murió el martes 24 de junio en su casa de Manhattan. Tenía 98 años.
Se forjó en los escenarios de Broadway, y fue uno de tantos (con talento) que salió de la cantera del Actor´s Studio de Lee Strasberg, teniendo como compañeros a gente como Marlon Brandon, Montgomery Clift o Marilyn Monroe. Su inicio en la gran pantalla fue nada más y nada menos que con Elia Kazan en su adaptación de la obra de Tennessee Williams, Baby Doll, 1956. Le siguieron títulos como Los siete magníficos 1960, de John Sturges; Vidas rebeldes 1961, de John Huston; Lord Jim 1965, de Richard Brooks; Como robar un millón y… 1966 de William Wyler, directores tan diversos como Henry Hathaway, Martin Ritt, Stanley Donen, Mark Rydell, Peter Yates, Stanley Kramer o Clint Eastwood son algunos de los que no dudaron en que su figura debía aparecer en sus títulos; aunque sin lugar a dudas existen dos títulos (dos personajes) por los que siempre será recordado: Tuco, ese mexicano capaz de vender a su propia madre, de El bueno, el feo y el malo 1966 de Sergio Leone y su Don Altobello, de El padrino, III parte 1990, de Francis Ford Coppola. Hasta tal punto le llegó a marcar la película de Leone que su autobiografía la tituló de modo elocuente: The Good, the Bad, and Me.
A pesar de sus numerosas y aclamadas interpretaciones, Wallach nunca fue nominado para un Premio de la Academia, pero en noviembre de 2010, menos de un mes antes de cumplir los 95, la Academia de las Artes y las Ciencias le concedió un Oscar honorífico, saludándolo como “el camaleón por excelencia, su esfuerzo en gran variedad de personajes, mientras pone su sello inimitable en todos los papeles”. Continuó trabajando en el cine hasta sobrepasados los 90 años, como su papel de guionista desilusionado, junto a Kate Winslet en The Holiday, 2006. En 2010, tanto Roman Polanski en El escritor como Oliver Stone en Wall Street: el dinero nunca duerme quisieron tenerlo en sus respectivos filmes, indudable último homenaje para uno de los grandes, un “robaescenas” en toda regla.