El nombre de José Alfonso Morera Ortiz está intrínsecamente ligado a La Movida. Aunque es cierto que el pintor extendió su arte más allá de este periodo histórico, rehuyendo incluso de esa posible etiqueta, la realidad es que es casi más factible centrar su obra en los años anteriores al famoso movimiento que se desarrolló en los ochenta. Cuando la gente habla de La Movida, suele identificarla con Madrid y más concretamente con el barrio de Malasaña, pero lo cierto es que esta momento nació en el Rastro, en la Ribera de Curtidores, donde José Antonio Morena Ortiz conoció, allá por el año 74 a García Alix y Ceesepe. Convivieron juntos, influyéndose unos a otros, e influenciándose del panorama que se abría en la capital española. Rock, comic, punk, libertad…

El Hortelano, como se le conoce en el mundo del arte, consiguió aunar todo aquel mundo, o más bien el espíritu de una época que aún estaba por llegar, transformándolo en arte. A su alrededor creó un equipo de tabajo, entre los que estaba la fotógrafa Ouka Leele, junto a los cuales desarrolló su trabajo en revistas como Star y otras muchas del panorama. Fue en el año 77 cuando su serie Europa Requiem lo consagró.

Es cierto que los años ochenta en España estaban ligados a la droga, al alcohol… a una fiesta constante que despertaba tras años de opresión, la libertad despertaba, y más si pertenecías al mundo de la cultura y por consiguiente al del arte. Pero una de las cosas que caracterizó a El Hortelano fue desligarse de aquel mundo. Él decidió viajar, explorar nuevos lenguajes y esperó una oportunidad, una nueva oportunidad de reconocimiento. Este momento le llegó en 2001, con la retrospectiva que el Centro Conde Duque de Madrid  expuso sobre él y que, de alguna manera, volvió a ponerle en el mapa.